La Transición Española (II)

 

La Transición   Española (II)

El Periodo Negro

 

Autor: Geromín

 

Aprobada la Constitución Española, por referéndum del 6 de diciembre de 1978, comienza una nueva etapa de la Transición, que me permito denominar "Periodo Negro" porque a diferencia de la anterior, en la que primó el consenso y la cooperación para desmontar el régimen franquista, en esta nueva fase, comienzan los enfrentamientos entre la clase política, se percibe una falta de orientación del proyecto a seguir y se constata la incapacidad de Adolfo Suárez para gobernar y sentar las bases de un nuevo sistema.

Durante este periodo se producen, en mi opinión, cinco hechos importantes que tendrán su repercusión en el futuro de la nación, como son:

 

- El giro del partido socialista hacia posiciones de centro izquierda

- El cese-dimisión de Adolfo Suárez

- El intento de golpe militar

- El ingreso de España en la Organización del Tratado del Atlántico Norte

- La aprobación de la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico

 

A lo largo de este artículo describiremos cada uno de estos sucesos y como se desarrollaron.

A principios del año 1979, Adolfo Suárez, a la sazón Presidente del Gobierno, y sin obligación legal alguna, ya que el periodo legislativo finalizaba en junio de 1981, consideró oportuno convocar nuevas elecciones generales para así pasar a la Historia como el primer Presidente constitucional de España y desprenderse de la tutela de la Corona. Este fue el primer error de una interminable lista de equivocaciones que terminarían desembocando en su cese.

Los resultados de estas elecciones fueron muy similares a los de las celebradas en 1977, por lo que no se modificó el panorama político español. La UCD pudo haber gobernado, sin problemas, con el apoyo de Coalición Democrática (actual Partido Popular), ya que entre ambas formaciones alcanzaban la mayoría absoluta, pero Adolfo Suárez, en persona y en contra de la opinión de sus asesores, se negó en redondo a aceptar esta posibilidad. (segundo error)

En el mes de abril se celebraron elecciones locales, en las que volvió a ganar la UCD en número de votos, si bien los socialistas consiguieron las alcaldías de las ciudades más importantes.

En mayo de ese año, se celebró el XXVIII Congreso Federal del PSOE, en el que Felipe González, con gran visión de futuro y forzado por el partido socialdemócrata alemán, que era el que en esos momentos sustentaba ideológica y financieramente al partido socialista, dio un golpe de mano, presentado su dimisión al no ser aceptaba su ponencia relativa al abandono del marxismo por parte del partido. Se constituyó una Comisión Gestora y meses más tarde, en septiembre, se convocó un nuevo Congreso extraordinario, que se saldó con el retorno triunfal de Felipe González y la aceptación de sus propuestas que contribuyeron a modernizar el partido y le posibilitaron su acceso al poder unos años más tarde.

Esta decisión, cortó de raíz las tentaciones radicales y totalitarias que algunos sectores del partido pretendían imponer como modelo de gestión. Lamentablemente, al cabo de treinta años, el Sr. Rodríguez Zapatero, ignorando el paso del tiempo y la evolución de la sociedad, intenta recuperar formas de actuación similares a las rechazadas por su propio partido en este Congreso.

A lo largo del año 1979, el Gobierno seguía una política errática, tanto a nivel interno, con un proceso autonómico sin esquemas ni procedimientos definidos y por tanto midificable de un día para otro; como a nivel exterior, en el que se alineó con los países tercermundistas, recibiendo a Yaser Arafat, líder de la organización terrorista Al Fatat, lo que irritó al poderoso "lobby" judío, asistiendo a las reuniones de los países no alineados, al lado de Cuba, Libia, Siria, etc. con lo que se enfrentaba a los Estados Unidos, ya que este movimiento estaba alentado por la Unión Soviética y ,negándose, en rotundo, a tratar el tema del ingreso de España en la OTAN. (tercer error)

Asimismo se fue produciendo un distanciamiento de la Corona, provocado por el propio Adolfo Suárez, que se quejaba del "borboneo" a que había estado sometido en la etapa anterior. Los despachos con el Rey eran los obligados, pero, en ellos, ya no se trataban temas o proyectos de futuro. Adolfo consideraba, y así se lo transmitía a sus amigos, que él era el Presidente del Gobierno constitucional y por tanto no dependía del Jefe del Estado para llevar a cabo su política; es más, se cuenta la anécdota de que en una conversación con el Rey, Adolfo le dijo: "Majestad, un día, Ud. será mi súbdito" y el Rey le contestó que eso no sería posible, a lo que Adolfo replicó que llegaría a ser Presidente de la Unión Europea, cuando en realidad quería decir Presidente de la III República. Probablemente, Adolfo Suárez se dejó llevar por sus ideas republicanas, heredadas de su padre, y por su soberbia para tratar de ser el auténtico líder del proceso de la Transición. No supo valorar el poder que, en ese momento, tenía el Rey sobre los sectores más poderosos del país, incluidos los medios de comunicación. (cuarto error)

El entorno de la Casa Real percibió esta situación que podía perjudicar el futuro y la credibilidad de la Monarquía, por lo que se comenzó a diseñar la operación "acoso y derribo" del Presidente del Gobierno, que contó con la colaboración inestimable del propio Adolfo Suárez con su forma de gobernar, y con la de los sectores más influyentes del país, tales como el militar, el religioso, el económico y el político, a los que el Presidente se había ido enfrentando de forma gratuita e innecesaria a lo largo de su mandato. (quinto error)

 

El año 1980, comenzó con un marco nada favorable para el Gobierno, pues estalló una nueva crisis del petróleo, que elevó la tasa de inflación hasta cerca del 20%, lo que supuso un incremento del paro que alcanzó el 14%. Y a todo esto, ETA seguía asesinando personas de forma indiscriminada (100 a lo largo del año), pero cebándose en el estamento militar, a pesar de que se había aprobado el Estatuto del País Vasco que concedía a esta región una autonomía muy superior a la que gozaba en el año 1936. Por supuesto, el Partido Nacionalista Vasco (desleal como siempre con el Gobierno) y el Gobierno francés, por distintas razones, se frotaban las manos con esta situación y miraban para otro lado.

En este año, se produjeron dos crisis de gobierno (mayo y septiembre) que ponían de manifiesto el descontrol que Adolfo Suárez tenía sobre la UCD, donde cada fracción campaba a sus anchas sin tener en cuenta la política del partido, que siendo sinceros debemos decir que no existía. Los socialdemócratas de Fernández Ordóñez actuaban como submarinos del PSOE y mantenían a este partido informado de todo lo que ocurría en el seno de la UCD. Por otro lado, los democristianos, liderados por Miguel Herrero, se habían puesto a trabajar en la operación "acoso y derribo". Todo ello ante la pasividad de Adolfo Suárez, que se mostraba incapaz de controlar y dirigir el partido. (sexto error)

El 7 de julio, día de San Fermín se reunieron en una finca de Manzanares el Real, todos los barones de la UCD que, después de analizar detenidamente la situación general del país y en particular la de su propio partido, llegaron a la conclusión de que Adolfo Suárez había concluido su etapa como político y era necesario proceder a su sustitución. A partir de esta fecha se inician unos contactos discretos entre la UCD y el PSOE, bajo la coordinación de Fernando Abril Martorell y Alfonso Guerra, respectivamente, tendentes a buscar una solución aceptable para ambas formaciones políticas. La primera conclusión a la que llegan, es la de presentar por el PSOE una moción de censura en el Congreso de los Diputados a la reapertura de la legislatura en el mes de septiembre. Conscientes de que la perderían, la defiende Felipe González, mientras que por la UCD, Adolfo designa a Fernando Abril como portavoz de su partido. Evidentemente la UCD ganó la votación, pero quedó de manifiesto la incapacidad de Adolfo Suárez para seguir el frente del Gobierno. (séptimo error)

Los contactos entre el PSOE y la UCD se intensificaron y el 22 de octubre, tuvo lugar una reunión en casa del Alcalde de Lérida, en la que estuvieron presentes, que se conozca, el propio alcalde, Francisco Raventós y Enrique Mújica (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE) y Alfonso Armada. En ella se diseñó el "golpe de estado blando", consistente en presentar una nueva moción de censura, por el PSOE, que sería apoyada por un buen número de diputados de la UCD, que, previamente, se habían comprometido por escrito. Como resultado de la misma, se formaría un gobierno de concentración nacional, presidido por Alfonso Armada, como persona independiente que contaba con el apoyo de la Corona.

Este plan se había preparado, dentro de la operación "acoso y derribo" como alternativa a aplicar, en el caso de que Adolfo Suárez no aceptase dimitir como le iba a pedir el Rey.

En esta situación inestable, se llega al año 1981, en el que se produce el cese-dimisión de Adolfo Suárez. Dada la importancia del acontecimiento y las vaguedades que se han vertido sobre el mismo, me parece oportuno detallar cronológicamente los hechos, no sin antes consignar los siguientes datos.

 

- Adolfo Suárez conocía, sin mucho detalle, la operación que se había preparado para sustituirle por un gobierno de concentración, con Alfonso Armada como Presidente del Gobierno y por ello se negaba abiertamente a nombrarle 2º Jefe del Alto Estado Mayor, petición que el Rey le reiteraba en todos sus despachos oficiales.

- El Rey había comentado en su círculo de amistades, que Adolfo estaba quemado y que Leopoldo Calvo Sotelo, era un buen recambio a la delicada situación en que se encontraba España.

- Adolfo Suárez, en una entrevista que mantuvo, a principios de enero, con Fernando Álvarez de Miranda, según relata éste mismo en sus Memorias, le informó que conocía las maniobras que se estaban gestando a sus espaldas, pero que a él le sacarían de La Moncloa con los pies por delante.

 

Los acontecimientos se desarrollaron de la forma siguiente:

 

20 de enero. Adolfo Suárez comenta con sus colaboradores que ha elaborado una lista, encabezada por él, para el Congreso de la UCD que iba a tener lugar en Palma de Mallorca a finales de mes, con el fin de dar un giro de 180º a la situación en que se encontraba el partido.

22 de enero. Adolfo Suárez es llamado a La Zarzuela y mantiene un despacho muy tenso con el Rey al que, a petición de éste, se incorpora Sabino Fernández Campo, secretario de la Casa Real. Adolfo regresa a La Moncloa de muy mal humor, se encierra en su despacho y no habla con nadie. El comunicado oficial que se dio a la prensa para justificar este brusco e inesperado desenlace, fue la discrepancia sobre el nombramiento de Alfonso Armada.

25 de enero. Adolfo comunica a su esposa Amparo que va a dimitir y a continuación llama a Leopoldo Calvo Sotelo para darle la misma información. Casualmente, Leopoldo era el candidato de la Corona para sustituirle ¿Cómo lo sabía Adolfo?

27 de enero. Adolfo se entrevista con el Rey y da carácter oficial al cese- dimisión.

29 de enero. Mensaje del Presidente del Gobierno por TVE en el que informa a la nación sobre su decisión.

3 de febrero. Agustín Rodríguez Sahagún, Ministro de Defensa, nombra a Alfonso Armada, 2º Jefe del Alto Estado Mayor, sin informar al todavía Presidente del Gobierno.

 

Hasta aquí los hechos contrastados y por tanto no sujetos a interpretaciones. Pero si pasamos al terreno de las hipótesis, conociendo la personalidad de Adolfo Suárez, su distanciamiento buscado con la Corona, sus propias palabras e intenciones expresadas dos días antes y los acontecimientos que acabo de relatar, me llevan a plantear la siguiente teoría.

Adolfo Suárez fue llamado a despacho por el Rey, que le pidió directamente la necesidad de que presentase la dimisión, dadas las condiciones en que se encontraba el país y su enfrentamiento con todos los sectores. Probablemente le puso sobre la mesa el "golpe de estado blando" que habían acordado los partidos de la oposición y numerosos diputados de su propio partido. También le informaría sobre la existencia de un plan para llevar a cabo un golpe militar, que solamente podría pararse con la salida de Adolfo.

Finalmente y como contraprestación, le ofreció el título nobiliario de Duque de Ávila, en principio, que posteriormente sería Duque de Suárez, lo que satisfacía su vanidad personal; ofrecimiento ligado a su abandono de la política, promesa que Adolfo no cumplió, ya que al cabo de un año, intentó retornar con la creación de un nuevo partido político, el CDS, que resultó ser flor de un día.

Si fuese verdadera la versión oficial de la dimisión, motivada por su cansancio y desencanto de la política, no hubiera intentado regresar en tan corto espacio de tiempo.

Ante este cúmulo de circunstancias adversas, la falta de apoyos, incluso en su propio partido, el rechazo de todos los poderes "fácticos", el descrédito acumulado y la imposibilidad de alargar su permanencia en la Presidencia del Gobierno, Adolfo se vio obligado a aceptar la propuesta planteada por la Corona, como un mal menor, pero nunca llegó a perdonarle al Rey esa actuación. Pasados los años, y debido a las circunstancias dolorosas que le tocó vivir, volvió a tener contactos con la Casa Real.

La ciudadanía no había asimilado todavía este acontecimiento cuando se encontró con un intento de golpe de estado, protagonizado por un número reducido de militares que, nerviosos por la tardanza del nombramiento de Alfonso Armada como Presidente del Gobierno, intentaron acelerarlo. 

No considero necesario relatar todo lo ocurrido en la tarde del día 23 de febrero de 1981, en el Congreso de los Diputados, cuando se estaba procediendo a la designación de Leopoldo Calvo Sotelo como nuevo Presidente del Gobierno, ya que las propias imágenes de la televisión han dejado constancia de lo acontecido. Es más interesante intentar suponer lo que debió de suceder en el Palacio de la Zarzuela, entre las 18 h 30 min y las 2 h del día siguiente, en que apareció el Rey en las pantallas de la televisión anunciando que el intento de golpe había sido controlado.

Probablemente tendrán que transcurrir bastantes años para tener información fidedigna de lo sucedido, pero volviendo al terreno de las elucubraciones, podemos extraer algunas conclusiones. La primera, es que el gran beneficiario de la situación fue el Rey, y por extensión la Monarquía, que durante estos años ha sido considerado como el líder indiscutible de la Transición y nadie ha cuestionado su dudoso origen democrático. La segunda, es que los dos militares de más alta graduación implicados en los sucesos, Jaime Milans del Bosch Ussia y Alfonso Armada Comín, pertenecían al círculo más íntimo de la Casa Real y ambos eran conocidos por sus ideas monárquicas. ¿Se sacrificaron por la institución monárquica?. La tercera, es que transcurrieron más de siete horas desde que el Teniente Coronel Tejero entró en el Congreso de los Diputados hasta que el Rey apareció en televisión. Probablemente el periodo de tiempo necesario para explicar al estamento militar, conocedor del plan Armada, que la Casa Real se desvinculaba del "golpe de estado blando", antes descrito, y que por el bien de la institución monárquica era obligado detener el levantamiento en marcha, ya que se había conseguido el objetivo buscado, que no era otro que desalojar a Adolfo Suárez de la Presidencia del Gobierno. La cuarta, se refiere a la rendición incondicional de los golpistas, sin exigir nada a cambio, y a sabiendas de que les esperaban años de prisión y de desprestigio. El Gobierno del General Pinochet les había ofrecido asilo político. No es muy comprensible su actitud, a no ser que existieran circunstancias que desconozcamos.

Como curiosidad, baste indicar que el día 25 de febrero, Adolfo Suárez se ofreció al Jefe del Estado para seguir al frente del Gobierno y juzgar a los golpistas; propuesta que el Rey rechazó de inmediato.

 

Designado Leopoldo Calvo Sotelo como Presidente del Gobierno, se puso manos a la obra para intentar reconducir una situación bastante problemática en todos los aspectos. Lo primero que hizo fue constituir una Comisión de expertos, dirigida por García de Enterría, para que redactase un Informe sobre el proceso autonómico, su situación actual y las posibles soluciones a aplicar. El Informe elaborado al respecto, sirvió de documento de trabajo a los dos grandes partidos y facilitó al pacto autonómico firmado por Calvo Sotelo y Felipe González, en el que se determinaba la existencia de 17 Comunidades Autónomas y 2 Ciudades autónomas. Igualmente se fijaban los caminos a seguir para alcanzar la autonomía y la forma de llevar a cabo las transferencias de competencias. Todo ello quedó reflejado en la Ley Orgánica de Armonización del Proceso Autonómico (LOAPA) que fue aprobada por las Cortes Españolas el día 30 de julio de 1982.

Aunque resulte extraño, una ley que debió ser discutida y aprobada previamente al proceso autonómico, se aprobó a los cuatro años de haberse iniciado el mismo. Prueba irrefutable del descontrol del proceso autonómico que caracterizó el gobierno de Adolfo Suárez.

Otro acontecimiento importante que tuvo lugar durante el mandato de Calvo Sotelo fue la incorporación de España a la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), cuyo Tratado de Adhesión se firmó en Bruselas el día 10 de diciembre de 1981. 

Esta decisión contó con la oposición formal, que no real, del partido socialista, como se comprobaría posteriormente, cuando bajo el gobierno de Felipe González, y en cumplimiento de una promesa electoral, fue sometida a referéndum, siendo el propio Felipe González el que hizo campaña a favor de la permanencia de nuestro país en la Organización.

Por cierto, otra curiosidad, para preparar la campaña, Felipe González solicitó la colaboración de Adolfo Suárez, pero éste se negó y a partir de ahí hubo un distanciamiento temporal entre ambos políticos: otra circunstancia más que pone de manifiesto la veracidad de mis afirmaciones sobre la ideología de Adolfo Suárez.

La entrada de España en la OTAN suponía un duro golpe para los planes de la Unión Soviética sobre la Península Ibérica, que desde siempre había constituido una zona vital a controlar, dentro de su estrategia internacional, para desestabilizar a Europa. Circunstancia que se intentó durante la 2ª República y a punto estuvieron de conseguirlo. De ahí que la izquierda y la "progresía e intelectualidad" nacional movilizasen todos los medios a su alcance e hiciesen una campaña feroz en contra de la permanencia de España en la Organización.     

Entre los participantes más activos en esta campaña, incluyo al actual portavoz del partido socialista, Diego López Garrido, al que puede verse en los reportajes de la época, desencajado y vociferando contra la OTAN.

¡Qué credibilidad pueden tener personas como ésta, que reniegan de sus principios con tanta facilidad, con tal de seguir viviendo del erario público!

¡Menudo pájaro!

Al cabo de los años hemos comprobado que la entrada de España en la Alianza fue un gran acierto ya que nos incorporó al grupo de países desarrollados y eliminó de raíz las aspiraciones soviéticas de controlar o influir en nuestro país.

Igualmente, aunque se conoció con posterioridad, fue una de las condiciones que nos impusieron para la apertura de las negociaciones destinadas a preparar nuestra incorporación a las Comunidades Europeas.

 

El resto de la legislatura transcurrió con más pena que gloria. Se agudizó la desbandada en la UCD, en la que la rama democristiana se fue acercando a Alianza Popular, partido recién constituido, mientras que los liberales y socialdemócratas se iban al partido socialista.

Igualmente, el partido comunista sufrió una crisis parecida, ya que Santiago Carrillo, presagiando el fin próximo de la Unión Soviética, se desvinculó del comunismo soviético y constituyó lo que se denominó eurocomunismo, mientras que otra rama del PCE, liderada por Enrique Gallego, se decantó por la ortodoxia comunista y siguió fiel a los dictados de Moscú, previas compensaciones económicas, como se ha podido constatar, posteriormente, en los archivos de la KGB.

Ante esta situación, Calvo Sotelo optó por adelantar las elecciones generales que convocó para el día 28 de octubre de 1982. Los resultados de estas elecciones, supusieron un cambio radical en el panorama político español. El partido socialista alcanzó la mayoría absoluta con 202 diputados, mientras que Alianza Popular, se consolidó como primer partido de la oposición, con 107 diputados. La UCD prácticamente desapareció, ya que obtuvo solamente 11 diputados, y el PCE también sufrió un descalabro similar, del que no se ha recuperado todavía, al alcanzar solo 4 escaños.

Con la celebración de estas elecciones y el nombramiento de Felipe González como Presidente del Gobierno, puede darse por finalizada la etapa histórica conocida como La Transición, cuyo balance puede considerarse, en líneas generales, positivo, pues ha permitido que España se incorpore al grupo de democracias occidentales, tanto en la faceta política, como en la económica y en la militar, a pesar de la oposición de los "progresistas".

Se ha pasado de un régimen autocrático a otro en el que, en teoría, la soberanía reside en el pueblo.

Hasta aquí la visión personal de una etapa interesante de nuestra historia reciente que, por suerte, me ha tocado vivir y de la que deseo dejar constancia.

En mi opinión, restan muchos flecos por resolver, como, por ejemplo, una ley electoral injusta y desfasada, que favorece a los partidos políticos en contra de la voluntad popular. El sistema de listas cerradas y la disciplina de voto de los parlamentarios, desvirtúan la auténtica democracia. Podríamos afirmar que se ha pasado de una "autocracia" a una "partitocracia".

 

 

                                                                     Madrid, 10 de enero de 2008

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