Carta abierta a D. Mariano Rajoy
Autor: Geromin
A cinco meses para la celebración de las elecciones generales, considero que el Partido Popular y Ud. como máximo dirigente del mismo, deberían plantearse una profunda reflexión sobre la estrategia que han seguido hasta el momento presente, en su labor de oposición al Gobierno.
Como supongo ya conocerán, y a pesar de los errores del Gobierno, clamorosos en algunos casos, el Partido Popular no consigue despegar y distanciarse del Partido Socialista en intención de voto de los ciudadanos, y Ud. en particular, no figura entre los líderes más valorados por la opinión pública.
Estos datos objetivos ponen de manifiesto que el Partido Popular está equivocado en sus planteamientos y es incapaz de obtener beneficios de una situación, teóricamente, muy favorable a sus intereses.
Siendo necesario, para el bien de España, desplazar a "Mr. Bean" de la Presidencia del Gobierno y en aras a la convivencia pacífica de los españoles, me tomo la libertad de apuntar algunos factores que, en mi opinión, y en la de muchas personas, están afectando, negativamente, a las posibilidades electorales de su partido.
En primer lugar, es imprescindible que el Partido Popular se desprenda de la tutela de José María Aznar, que si bien fue un buen presidente durante su primera legislatura y así lo entendieron los ciudadanos que le renovaron su confianza para un segundo mandato, incluso con mayoría absoluta, en el tramo final de su segunda legislatura, echó todo por tierra con unas decisiones inexplicables para la ciudadanía. En la actualidad, cualquier aparición o declaración suya les perjudica, sin ningún género de dudas, pues traen a la memoria, los momentos trágicos del 11 de marzo de 2004 y las circunstancias que rodearon este brutal atentado, muy bien explotado por el Partido Socialista.
En segundo término, los portavoces de su partido ante la opinión pública, los Sres. Acebes y Zaplana, son dos políticos "quemados". El primero, porque desde siempre, ha sido y es un mal comunicador y tuvo la mala suerte de tocarle la gestión de los atentados del 11 de marzo, que por cierto, fue bastante lamentable, no sólo por los engaños a los que él mismo se vio sometido por parte de sus colaboradores, sino también por sus patéticas apariciones ante los medios de comunicación. Por su parte, el Sr. Zaplana, representa la derecha más reaccionaria del panorama político, lo que no favorece en nada la imagen centrista que Ud. pretende dar a su formación y para mayor abundamiento, a punto estuvo de provocar una crisis interna en su partido de la Comunidad Valenciana, motivada por una posible pérdida de poder de los "zaplanistas", es decir, anteponiendo sus intereses personales a los del partido.
Ud. debería haber llevado a cabo una profunda renovación de la cúpula directiva, incorporando gente nueva, no contaminada, y recuperando, al mismo tiempo, políticos valiosos que ya lo demostraron cuando tuvieron responsabilidades de gobierno.
En tercer lugar, el equipo de asesores que Ud. tiene, parece como si fueran miembros del Partido Socialista, porque le embarcan en unos temas que apenas importan a los ciudadanos y deterioran seriamente su imagen. Sirva como ejemplo la polémica en torno a la asignatura "Educación para la ciudadanía", que bien manejado por el Gobierno, les ha hecho aparecer como insolidarios y clasistas. Las batallas en las que se enzarza con el Gobierno no son de interés común. Sin embargo, en otros asuntos en los que, en mi opinión, Ud. debería haber planteado la batalla, se limita a criticar desde el Congreso de los Diputados, pero no se pone manos a la obra. ¿Por qué no se ha desplazado Ud. a Barcelona para explotar políticamente el caos en que vive esta ciudad desde hace varios meses (hundimiento de El Carmel, apagones eléctricos, aeropuerto de El Prat, trenes de cercanías, obras del AVE, etc.)? Ante esta lamentable situación, el Partido Socialista se va a ir de rositas por falta de iniciativa del Partido Popular.
La última broma que le han gastado sus colaboradores, ha sido la celebre ocurrencia de su primo, el del cambio climático. Parece mentira que con su experiencia cometa este grave error político.
Por favor, céntrese en los asuntos importantes, que son los que preocupan al pueblo, como la política exterior, el terrorismo, la inmigración, la vivienda, el respeto a los símbolos del Estado, la politización de la justicia, la inseguridad ciudadana, la unidad de España, etc. En estos temas es donde debe plantear la batalla política, ya que el Gobierno camina sin rumbo determinado y Ud. tiene el camino despejado para proponer soluciones prácticas y comprensibles para los ciudadanos.
Otro factor a corregir por su partido es el manejo de los medios de comunicación y el trabajo de sus asesores de imagen. El Partido Socialista, muy astutamente, les está empujando hacia la derecha para arrebatarles los votos del centro político, que es donde debe plantearse la batalla electoral, ya que tanto su partido como el partido socialista tienen asegurado un sector de la población, que aunque se empeñen en hacerlo mal, siempre les votarán como mal menor.
Ud. no puede aparecer, permanentemente, ante la opinión pública con aspecto crispado, como si padeciese de las muelas o de estreñimiento, criticando por criticar. Por favor, suavice el tono de su discurso y emplee la sonrisa, el diálogo y las soluciones positivas como forma de oposición. El rostro amable y risueño transmite confianza mientras que el ceño fruncido representa enfrentamiento y ganas de pelea. Resulta incomprensible que sus asesores no apliquen estos principios elementales de la comunicación.
En último lugar, aunque es el factor más importante, se refiere a sus características personales. Sr. Rajoy, nadie duda de su capacidad de trabajo, de su honestidad y de su formación como estadista, pero Ud. no posee una cualidad que es imprescindible para ganar unas elecciones, y que se conoce como "carisma", que según el DRAE, significa "esa especial capacidad de algunas personas para atraer o fascinar", o también, "el don gratuito que Dios concede a algunas personas en beneficio de la comunidad".
Una virtud que tuvieron Adolfo Suárez, Felipe González y José María Aznar. No hablo de "Mr. Bean" porque este señor llegó a la Presidencia del Gobierno sobre 200 muertos.
El objetivo principal de un líder político debe ser el servicio a la nación y a los ciudadanos y, consciente de sus limitaciones, desempeñar dentro del partido el papel que es más adecuado para sus cualidades y para el triunfo en las urnas. En mi opinión, Ud. sería un excelente Presidente del Partido Popular.
Este partido tiene en sus filas auténticos líderes con carisma, como lo han demostrado en diversas confrontaciones electorales. Tales son los casos de Esperanza Aguirre, Rita Barberá, Alberto Ruiz Gallardón, Teófila Martínez, Rodrigo Rato, Jaime Mayor, Javier Arenas, etc. Cualquiera de ellos estaría en condiciones de ganar las próximas elecciones.
Considero que por un exceso de egoísmo o de protagonismo, que los ciudadanos no entendemos, no han valorado debidamente esta circunstancia y se han apresurado a designarle como candidato. Ya es tarde para corregir este error, pero todavía está a tiempo de recurrir a estas personas para que le arropen en sus mítines electorales y le aporten ese carisma del que Ud. carece. Por favor, practique la humildad que es una virtud que suele escasear en la clase política y utilice todos los medios a su alcance para ganar las elecciones. El pueblo español y España le demandan este sacrificio.
En caso contrario, presiento que en el mes de abril, Ud. va a presentar la dimisión, se va a ir por la puerta de atrás y los españoles tendremos que soportar otros cuatro años, las gracias y la sonrisa histriónica de "Mr. Bean".
Los políticos, a diferencia del resto de los profesionales, cuando se equivocan, no asumen responsabilidad alguna y por tanto, actúan, en muchos casos, con bastante ligereza, sin sopesar las graves consecuencias de sus decisiones.
Madrid, 27 de octubre de 2007
La Transición Española (I)
El Periodo Rosa
Autor: Geromín
Próximo a cumplirse el trigésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas (15 de junio de 1977) que tuvieron lugar en España, parece oportuno esbozar un breve resumen de lo acontecido en esa etapa histórica, que se conoce como "La Transición".
Estas líneas constituyen la visión personal, que como ciudadano preocupado por el futuro de mi país, pero sin ambición política alguna, sentí y viví en esos momentos trascendentales de nuestra historia reciente. Discrepan, en algunos puntos, de las publicaciones que he leído sobre el tema, pero toda la información que se aporta en este artículo es verídica como puede corroborarse en las hemerotecas.
Para facilitar la comprensión de este complicado proceso, me ha parecido oportuno dividirlo en dos fases. La primera (1975-1978), que califico como el "Periodo Rosa", dada la evolución positiva de los acontecimientos, finaliza con la aprobación de la Constitución Española. La segunda (1979-1982), que podríamos titular como el "Periodo Negro", teniendo en cuenta los episodios sucedidos, termina con la victoria aplastante del partido socialista en las elecciones del 28 de octubre de 1982.
A comienzos de la década de los años setenta, el pueblo español era consciente de que la salud de Franco estaba muy debilitada y que el Régimen sin su figura no era sostenible, por mucho que se empeñaran los franquistas más ortodoxos.
En estas circunstancias, el Partido Comunista que era muy activo y tenía gran implantación clandestina en nuestro país, comenzó a desestabilizar las fábricas y la Universidad. Se produjeron innumerables huelgas y alteraciones del orden público, tendentes a caldear el ambiente y preparar a las masas para la etapa "postFranco".
Igualmente, una fracción muy importante de la Iglesia, con el cardenal Tarancón, al frente, que durante los cuarenta años del Régimen, había sido una institución represora, bendiciendo y ensalzando hasta la saciedad la figura de Franco, como defensor de los valores católicos, permitiéndole entrar bajo palio en todas sus iglesias y aceptando sus nombramientos para obispos, dio un giro total y comenzó una campaña de enfrentamientos y críticas feroces. Las homilías y circulares que se leían en las misas dominicales eran auténticos ataques al sistema. Al amparo, por supuesto, del Concordato, que permitía al clero manifestarse como les parecía, sin temor a represalias posteriores.
Esta "precampaña", se aceleró con el asesinato del almirante Carrero Blanco, Presidente del Gobierno, como consecuencia de un atentado terrorista de ETA, el 20 de diciembre de 1973, rodeado de circunstancias extrañas y no bien aclaradas al día de hoy, teniendo en cuenta que le sucedió en el cargo, Carlos Arias Navarro, a la sazón, Ministro de la Gobernación, y por tanto responsable último de la seguridad del Presidente. Al parecer se hizo bastante poco para evitarlo a pesar de las informaciones de que se disponía facilitadas por los servicios secretos americanos.
Hay que resaltar que el almirante Carrero no era persona muy apreciada en el entorno del Palacio del Pardo, por la influencia que ejercía sobre Franco y por el apoyo que prestaba al príncipe Juan Carlos.
Arias Navarro inició una tímida apertura que se conoció como "el Espíritu del 12 de febrero", permitiendo la creación de asociaciones políticas dentro del Régimen. Este intento fue boicoteado tanto por la propia Iglesia (caso Añoveros) como por el "bunker" franquista (Manifiesto de Girón).
A partir de este momento, todos los ambiciosos de poder, temerosos de no participar en la "tarta" que se había condimentado y so pretexto de luchar por las libertades en España, comenzaron a moverse de forma alocada para ubicarse correctamente en la meta de salida.
En julio de 1974, y bajo la dirección del Partido Comunista, se constituye en Paris, la llamada Junta Democrática, en la que se integran personajes y partidos tan curiosos, como el Partido Carlista (extrema derecha), el Partido Socialista Popular (izquierda radical), una fracción del Opus Dei (católicos preconciliares) con Rafael Calvo Serer (director del periódico Madrid) al frente, Antonio García Trevijano (ilustre notario), José Vidal Beneyto, etc.
Como fácilmente puede entenderse al día de hoy, a todos los integrantes de este "bodrio" solo les unía las ansias de poder, al amparo de reivindicar la democracia para nuestro país.
Posteriormente, en junio de 1975, y bajo el control del Partido Socialista Obrero Español, se constituye la Plataforma de Convergencia Democrática, en la que participan, grupúsculos democristianos que habían disfrutado de las prebendas del Régimen, como José María Gil Robles o Joaquín Ruiz Jiménez, y otros partiditos de extrema izquierda, como la Organización Revolucionaria de Trabajadores (ORT) o el Movimiento Comunista.
Por motivos laborales, conocí a Mario Rodríguez Aragón, fundador y presidente de la ORT, persona que por su formación y calidad humana nunca me encajó al frente de un partido revolucionario de estas características.
Ambas organizaciones planteaban una "ruptura" total con el Régimen de Franco.
Por supuesto, los partidos nacionalistas, vascos y catalanes, no participaron de estos "esperpentos". Los primeros por cobardía, como siempre, y los segundos, por sentido común.
De forma paralela y simultánea, en el interior se habían iniciado movimientos y contactos de personas, afectas al Régimen pero de talante aperturista que consideraban indispensable planificar el futuro del sistema, mediante una evolución pacífica, una vez desaparecido Franco.
En este contexto, aparecieron igualmente organizaciones extrañas, como el FRAP, denominado posteriormente GRAPO (Grupo Revolucionario Antifascista Primero de Octubre), dedicadas exclusivamente a la comisión de asesinatos, atracos y secuestros. Al día de la fecha, todavía no se sabe con exactitud quién estaba detrás de estos delincuentes. Las opiniones van desde la extrema derecha hasta la Unión Soviética: personalmente, me inclino por esta última.
Igualmente, la organización terrorista ETA, también intensificó su actividad, cometiendo numerosos atentados mortales, con el apoyo del Partido Comunista, como se pudo demostrar, mediante pruebas fehacientes, en el atentado de la cafetería Rolando, en la calle del Correo de Madrid, en septiembre de 1974, que causó 12 víctimas mortales.
Para "aliviar" el cotarro, y como respuesta a este atentado, el Gobierno decide no conmutar la pena de muerte a 5 terroristas (2 de ETA y 3 del FRAP) convictos de asesinatos a miembros de las fuerzas del orden. Las sentencias se ejecutan el 27 de septiembre de 1975 y ello provoca una movilización de las fuerzas de izquierda en Europa, con manifestaciones diversas e incluso quema de la embajada de España en Lisboa. Entre los líderes políticos que se expresaron en contra, figuraban Hassan II (auténtico tirano en Maruecos) y Luís Echevarria (causante de la matanza de más de 300 ciudadanos en Ciudad de México). Ni que decir tiene que Pablo VI, haciendo gala, una vez más, de su "amor" hacia España, llegó a amenazar a Franco con la excomunión.
El panorama social, como fácilmente puede deducirse de lo descrito en las líneas anteriores, no era muy alentador y hacía presagiar una etapa de violencia extrema a la muerte de Franco.
Sin embargo, estos "agitadores" y "manipuladores" no contaron en sus previsiones con unos factores que, en mi opinión, iban a ser determinantes en el devenir posterior.
* En primer lugar, la existencia de una clase media, muy numerosa, que merced a su esfuerzo y trabajo había adquirido un cierto bienestar económico y no estaba dispuesta a fomentar aventuras revolucionarias.
* En segundo término, el posicionamiento del Gobierno de Estados Unidos a favor de una evolución pacifica hacia la democracia, ya que lo contrario supondría una desestabilización del flanco sur de la OTAN, en un momento político bastante delicado debido al recrudecimiento de la "guerra fría".
* En tercer lugar, la unión del Ejercito y el Capital en torno a la Corona y al Gobierno para favorecer los planes de reforma, que habían sido diseñados desde dentro del sistema.
* Y finalmente, la existencia de un Gobierno fuerte, con Manuel Fraga al frente del Ministerio de la Gobernación, que hizo celebre su frase "la calle es mía" y resolvió con autoridad todos los desordenes públicos que se producían de forma permanente.
En este agitado contexto, se produce la muerte de Franco, el 20 de noviembre de 1975, tras una penosa e impresentable agonía forzada por su entorno, a la espera de conseguir algún "milagro" que evidentemente no se produjo.
Las Cortes Generales, en virtud de lo dispuesto en la Ley de Sucesión, nombran a Juan Carlos I, rey de España, que jura los Principios Fundamentales del Movimiento (Leyes franquistas).
A partir de este momento, se pone en marcha el proyecto de transición, elaborado por Torcuato Fernández Miranda, catedrático de Derecho Político, preceptor del Rey y perfecto conocedor de los entresijos del Régimen, en el que había desempeñado cargos importantes. Este plan tenía la aprobación de la Corona y de Estados Unidos.
El Rey confirma a Carlos Arias Navarro, como Presidente del Gobierno, pero sitúa a Torcuato Fernández Miranda en la Presidencia de las Cortes, puesto clave para el futuro del proyecto.
Las "fuerzas democráticas" no contentas con los acontecimientos, plantean un nuevo pulso al Gobierno y eligen la ciudad de Vitoria como centro para sus actuaciones. Se produce una movilización social que termina en varias huelgas generales, fuertemente reprimidas por las fuerzas de orden público. El día 3 de marzo de 1976 y como resultado de un asalto a una iglesia en la que se habían refugiado los huelguistas, se produce un enfrentamiento entre éstos y las fuerzas del orden que se salda con 3 muertos y numerosos heridos de bala.
A la vista de que los vientos no soplaban favorables, en marzo de 1976, se fusionan la Junta Democrática y la Plataforma Democrática y se constituye la conocida vulgarmente como Platajunta, que podíamos definir como un entramado complejísimo de personajes y partidillos, que salvo el Partido Comunista y el Partido Socialista, no representaban a nadie.
La tímida apertura iniciada por Arias Navarro no goza del reconocimiento de la emergente clase política, como se ha indicado anteriormente, por lo que el Rey le pide que presente su dimisión, acto que lleva a efecto el 1 de julio de 1976.
Aquí entra de nuevo en juego Torcuato Fernández Miranda, que como Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino es el encargado de proponer al Rey la terna de candidatos a Presidente del Gobierno. Después de varias reuniones del citado Consejo del Reino, se propugnan dos candidatos. Por un lado, se elige a Federico Silva Muñoz, apoyado por los inmovilistas, y por otro, se designa a Gregorio López Bravo, que goza de las simpatías de los tecnócratas, con lo que se satisface a las dos familias más influyentes del Régimen en esos momentos. Como era necesario presentar una terna, Torcuato, a efectos de relleno, y con el beneplácito del Rey, apunta el nombre de Adolfo Suárez, persona vinculada al sistema y que no suscitaba rechazo entre los miembros del Consejo del Reino, seguros de que el Rey elegiría uno de los dos primeros. Las votaciones fueron muy reñidas y gracias a que Miguel Primo de Rivera no dio su voto a Federico Silva Muñoz, éste no alcanzó la unanimidad del Consejo, en cuyo caso, el Rey no habría podido elegir entre la terna presentada.
Adolfo Suárez reunía las características adecuadas (pertenencia al Régimen, sonrisa fácil, "abrazafarolas" y buena verborrea) para liderar esta 1ª fase de la transición.
Como de todos es conocido y ante la sorpresa general, el elegido fue Adolfo Suárez González, que rápidamente presentó por televisión su programa político (según el guión establecido). El punto fundamental del proyecto era la elaboración de una Ley para la Reforma Política, que presentó a las Cortes franquistas, en el mes de septiembre de 1976, dos meses después de su designación, prueba evidente de que esta Ley estaba redactada de antemano por Torcuato Fernández Miranda.
Durante su tramitación parlamentaria, Torcuato Fernández Miranda mantiene entrevistas personales con todos y cada uno de los parlamentarios para convencerles sobre la necesidad de votarla favorablemente, como única salida pacífica del Régimen.
Las Cortes franquistas, en sesión de 18 de noviembre de 1976, y con un gran sentido de la responsabilidad y de patriotismo, la aprueban por mayoría absoluta, lo que suponía su desaparición de la escena política: es decir, se autodisuelven.
A continuación, se somete a Referéndum del pueblo, que la aprueba mayoritariamente, el día 15 de diciembre de 1976. Vota el 78 % del electorado y el voto afirmativo supone el 94 % de los emitidos.
Los partidos de la Platajunta habían pedido la abstención de forma insistente.
El resultado del Referéndum pone de manifiesto la pobre representación popular de la Platajunta y provoca el fin de la misma. Los líderes de los dos partidos importantes, PSOE y PCE, Felipe González y Santiago Carrillo, respectivamente, conscientes de que la única vía posible para intervenir en el proceso, era participar en la evolución de la política española, dan un giro de 180º e inician un acercamiento al Gobierno. Entre tanto, el PSP, liderado por Enrique Tierno Galván (la víbora con cataratas, según le definió Alfonso Guerra) se queda entre dos aguas y sería fagocitado posteriormente por el PSOE. Ambos líderes celebran, de forma semiclandestina, varias entrevistas con Adolfo Suárez, en las que se va acordando su incorporación al sistema. Existen anécdotas muy curiosas contadas por el propio Adolfo, sobre los contactos con Carrillo, que desembocaron en una amistad sincera entre ambos políticos.
Como respuesta al resultado del Referéndum, la extrema derecha provoca el 24 de enero de 1977, la matanza de la calle de Atocha, de Madrid, en la que asesinan a 5 abogados laboralistas, vinculados al PCE. En el entierro no hay un solo incidente, ya que Santiago Carrillo se encargó de garantizar el orden.
En este mismo mes, el GRAPO, o quien fuere, secuestra a Antonio M. Oriol y Urquijo (Presidente del Consejo de Estado) y al Teniente General Villaescusa (Presidente del Consejo Supremo de Justicia Militar), que fueron liberados rápidamente en una brillante y sospechosa operación policial.
Felipe González, siguiendo las indicaciones del partido socialdemócrata alemán, provocó, posteriormente, una crisis en el Partido Socialista, presentando su dimisión y convocando un Congreso extraordinario del partido, en el que fuerza el abandono de las tesis marxistas.
Por su parte, Santiago Carrillo aceptó la monarquía como forma de gobierno y la bandera bicolor como símbolo del Estado y así se presentó en la primera rueda de prensa que se celebró en Madrid a la semana siguiente de su legalización.
El PCE es legalizado con "nocturnidad y alevosía" la tarde noche del día 9 de abril de 1977, fecha que se ha conocido popularmente como el "Sábado Santo Rojo", circunstancia que provoca una seria crisis de Gobierno y un enfrentamiento abierto de Adolfo Suárez con el estamento militar, al que en una reunión celebrada, meses antes, con la cúpula militar había jurado por su honor, no legalizar nunca al PCE.
En mayo de 1977, Don Juan de Borbón protagonizó una representación esperpéntica en el Palacio de la Zarzuela, al renunciar, públicamente, a unos derechos dinásticos inexistentes, en favor de su hijo. Nunca entendió que Franco había instaurado una nueva monarquía en la persona de Juan Carlos, que casualmente era hijo de Don Juan de Borbón.
En esta coyuntura, se convocan las primeras elecciones democráticas para el 15 de junio de 1977. Adolfo Suárez toma la decisión de presentarse al frente de una coalición denominada Unión de Centro Democrático (UCD) en la que se integraron algunos democristianos que habían formado parte de la Platajunta: falangistas, franquistas, liberales y otros "grupitos" sin importancia.
Adolfo Suárez embriagado por el poder y teniendo en cuenta su soberbia y ambición, quiso seguir liderando el proceso y pasó de ser un excelente primer actor a un pésimo director de la Transición.
Esta circunstancia no estaba en el guión trazado por Torcuato Fernández Miranda y así se lo hizo saber al Rey. El plan previsto establecía que, llegado este punto, Adolfo Suárez abandonaba la política y se elegía a una persona con más formación de Estado para dirigir una formación de centro derecha (tipo Fraga, Areilza, que curiosamente se habían autoexcluido del gobierno de Adolfo Suárez) que hiciera frente a los partidos de izquierda y elaborase una nueva Constitución. Torcuato era consciente de que Adolfo Suárez no poseía las cualidades necesarias para este cometido y el tiempo le dio la razón, ya que su escasa formación política y su falta de rigor en los problemas importantes, nos pusieron, al cabo de 3 años, al borde una guerra civil.
El Rey que había conectado bien con Adolfo Suárez, dada la "ligereza" de ambos en sus planteamientos de Estado, no atendió las peticiones de Torcuato Fernández Miranda, que, dolido por el desaire, dimitió de todos sus cargos y se retiró a Londres, donde falleció, en el olvido, 3 años más tarde.
Las elecciones se celebraron en un clima de tranquilidad y el partido triunfador fue la Unión de Centro Democrático, seguido del Partido Socialista, Alianza Popular, el Partido Comunista y los nacionalistas CIU y PNV.
En el año 1977, la economía española estaba en quiebra, como ponen de manifiesto los siguientes datos macroeconómicos:
* Inflación cercana al 40 %
* 2.000.000 de parados, la mayor parte sin subsidio de desempleo
* 14.000 millones dólares de deuda exterior
* Empresas endeudadas
Ante esta lamentable situación, que podría echar por tierra el proceso político, se encargó al Profesor Enrique Fuentes Quintana, Ministro de Economía en el Gobierno Suárez, la elaboración de un plan de choque para sanear la economía.
El programa elaborado contenía medidas económicas, sociales y políticas. Fue discutido con numerosas personalidades y finalmente asumido por todas las fuerzas políticas con representación parlamentaria y por los agentes sociales. La firma del acuerdo tuvo lugar el 25 de octubre de 1977 en el Palacio de la Moncloa y pasó a la posterioridad con el título de "Los Pactos de la Moncloa", pieza fundamental de este proceso de transición.
Las Cortes democráticas asumieron la responsabilidad de elaborar una Constitución que articulara políticamente el nuevo sistema, para lo cual se creó una ponencia de siete diputados que trabajaron a destajo durante varios meses hasta presentar un borrador al Parlamento.
Como siempre sucede, al tratarse de un texto de consenso, se dejaron algunos temas importantes en el aire y se instituyó un Estado de las Autonomías, mezcla de Estado central y Estado federal, que no ha resuelto, en mi opinión, los problemas de los nacionalismos, sino más bien al contrario, los ha exacerbado. Además este tipo de Estado terminó con el "paro" en la clase política, al multiplicar por 17 el número de altos cargos y de parlamentarios. Evidentemente todos los partidos apoyaron esta decisión ya que pudieron "colocar" bien a sus miembros.
La Constitución Española fue aprobada definitivamente por las Cortes Generales en noviembre de 1978 y posteriormente sometida a Referéndum el 6 de diciembre de 1978.
Con la aprobación de la Carta Magna puede considerarse finalizada ésta primera etapa de la "Transición" al quedar derogadas las leyes fundamentales del franquismo.
Como apostilla a lo aquí relatado, y al margen de todas las alabanzas y reconocimientos públicos que la clase política y los historiadores oficiales han expresado a las figuras del Rey y de Adolfo Suárez, me gustaría dejar constancia de algunos extremos importantes, en esta primera etapa, que, en mi opinión, se han ocultado, probablemente de forma intencionada, con el paso del tiempo.
En primer lugar, considero de justicia reivindicar las figuras de Torcuato Fernández Miranda y de Enrique Fuentes Quintana. El primero, como autor material del programa de Reforma Política. Él fue la persona que, con amplia formación política y conociendo del Régimen desde dentro, elaboró el plan que se desarrolló y aplicó de forma perfecta hasta el mes de mayo de 1977, en el que tanto Adolfo Suárez como la propia Corona quisieron hacer sus "pinitos" y salirse del guión escrito y a punto estuvieron de arruinar todo lo conseguido. El segundo, como padre de Los Pactos de la Moncloa, documento fundamental que posibilitó la transición política y sentó las bases para el posterior desarrollo de nuestra economía. Tuvo la suficiente gallardía de abandonar silenciosamente la política una vez concluida su labor.
En segundo término, deseo dejar constancia del planteamiento inicial, utópico, revanchista y de ruptura, que postularon los partidos de izquierda (PSOE y PCE) en su programa político. Probablemente nos hubiera conducido a un nuevo enfrentamiento civil, dadas las condiciones sociales existentes en esos momentos en España.
El tercer punto a resaltar es la reacción positiva, tanto de Felipe González como de Santiago Carrillo, que a la vista de los acontecimientos que se iban sucediendo en España, supieron evolucionar a tiempo dando un giro radical a sus posturas iniciales de ruptura, para pasar a una colaboración responsable en el proceso de reforma, que facilitó la transición.
En cuarto lugar, considero importante mencionar el comportamiento del pueblo español, que haciendo caso omiso a los cánticos de sirena que llegaban del exterior, supo comportarse con un gran pragmatismo y aguantar las continuas provocaciones que se producían desde todos los agentes no interesados en que la reforma llegara a su término (extrema derecha, extrema izquierda, bandas terroristas, etc.)
Y por último, destacar el sentido de responsabilidad y patriotismo de las Cortes franquistas que asumieron la realidad y votaron su autodisolución en una sesión histórica, lo que permitió seguir con el proceso dentro de la legalidad vigente.
Madrid, 25 de mayo de 2007
Operación "Limpieza"
o
Las Alfombras de "Mr. Bean"
Autor: Geromin
Desde que el Sr. Rodríguez Zapatero ("Mr. Bean", para los amigos) llegó a la Secretaría General del partido socialista, merced a los votos de los representantes de una corriente interna y testimonial del partido, que curiosa y "casualmente", años más tarde, fueron los mismos que privaron a Rafael Simancas de la Presidencia de la Comunidad de Madrid, absteniéndose en la votación de investidura, se inició una operación de limpieza dentro del partido, orientada a la eliminación de todas aquellas personas que pudieran representar un peligro para su permanencia en el cargo, sustituyéndolas por políticos serviles y estómagos agradecidos.
Este proceso, lo ha llevado a cabo como un profesional del engaño, taimado, melifluo, sonrisa histriónica y haciendo uso de todos los recursos, éticos o no, que el poder pone a su disposición, ante la pasividad de la dirección de su propio partido, que, si bien, en privado, se manifiestan contrarios a este comportamiento, en público, callan y otorgan.
El primero de la lista en caer, fue Nicolás Redondo Terreros, Secretario General del PSE-EE, que durante años defendió, y arriesgó su vida por ello, las libertades en el País Vasco y plantó cara al nacionalismo fascista que sigue con su limpieza étnica e ideológica en esa región. A iniciativa del propio "Mr. Bean", el partido socialista suscribió con el partido popular, cuando éste gobernaba, el "Pacto Antiterrorista", y lo que parecía ser un triunfo personal de Redondo Terreros, fue, en realidad, una falsa apariencia, ya que a espaldas suyas, miembros del propio partido se reunían con los nacionalistas para pactar otras estrategias que posteriormente se han puesto de manifiesto cuando el partido socialista ha llegado al poder. Este comportamiento provocó la renuncia de Redondo Terreros a sus cargos en el partido, que era el fin perseguido.
El "fallecido" siguiente, es José Bono Martínez, Presidente de Castilla-La Mancha, referencia de los socialistas en esa región, y rival de "Mr. Bean" en las elecciones primarias del partido socialista. Con el señuelo de hacerse cargo del Ministerio de Defensa en el gobierno socialista, abandonó el gobierno regional y aceptó la oferta. Grave error de un político al que considero inteligente y no comprendo los motivos que le llevaron a tomar esta decisión. Evidentemente, dentro del gobierno, "Mr. Bean", le tenía controlado y estaba a su merced, de forma y manera que le manejó a su antojo, hasta que, al cabo de dos años, explotó y decidió irse a casa. Al no encontrar candidato para la Alcaldía de Madrid, intentó convencerle para que se presentase, pero en esta ocasión no mordió el anzuelo. Próximas las elecciones generales volverá a recurrir a él para asegurarse los votos de Castilla-La Mancha, espero que no caiga otra vez y se deje cautivar por las promesas del "mentiroso".
El tercero de esta macabra relación es Pascual Maragall Mira, Presidente de la Generalidad de Cataluña y líder indiscutible de los socialistas catalanes, que se quemó en la discusión del Estatuto, en el Parlamento catalán, al amparo de las palabras de "Mr. Bean", que había afirmado solemnemente, como siempre hace, que lo que se aprobara en ese Parlamento, sin modificar una coma, sería aprobado en las Cortes Españolas. Craso error el de Maragall, que confió en "el jefe". Al final de su tramitación, se dio la curiosa circunstancia, que uno de los tres partidos (Izquierda Republicana), que formaban parte de su gobierno, hizo campaña para votar "no" al Estatuto, mientras que Convergencia y Unión, que estaba en la oposición, pactó, a sus espaldas con "el jefe" y apoyó el Estatuto. El pueblo catalán demostró en el referéndum posterior, su pasotismo al respecto, como lo demuestra el hecho de que el índice de participación fue inferior al 50%. Este ridículo tan espantoso llevó al pobre Pascual a convocar elecciones anticipadas y renunciar a su cargo.
Recientemente, ha anunciado su baja en el partido socialista, por haberse sentido engañado, con duras críticas a "Mr. Bean" al que, entre otros reproches, le acusa de desagradecido, ya que fue él, junto con Alfonso Guerra los que defendieron su candidatura frente a la de José Bono en las primarias del partido.
El cuarto lugar, lo ocupa Juan Carlos Rodríguez Ibarra, líder de los socialistas en Extremadura, al que los disgustos y "sapos" que tuvo que tragar durante la tramitación del Estatuto de Cataluña, le provocaron un problema vascular grave, que le ha llevado a retirarse de la política. Pienso que tiene que ser muy duro para una persona que dice defender los intereses de sus paisanos y de su tierra, consentir que los diputados extremeños den su conformidad a este Estatuto, que supone un empobrecimiento indiscutible para su región, por mucho que los políticos de turno lo quieran vestir de otra manera.
Siguiendo por orden cronológico en su defenestración, el quinto lugar se lo asignamos a Rafael Simancas Simancas, Secretario General de los socialistas madrileños, que se plegó a las manipulaciones de "Mr. Bean", en lo referente a la búsqueda de un candidato para la Alcaldía de Madrid, operación que llevó personalmente el "jefe" ignorando a la cúpula del partido en la región. La designación de Miguel Sebastián, provocó la mayor derrota electoral del partido socialista, en Madrid, en toda su historia. Ante este fracaso, y como "el mentiroso" siempre se va de rositas, el pobre Simancas se ha tenido que ir a su casa, criticado y vejado por su papel de alfombra sobre la que se han orinado los jerifaltes del partido, tal y como escribe Joaquín Leguina en un artículo publicado en la prensa nacional.
A continuación, el sexto, por méritos propios, es Fernando Puras Gil, Secretario General de los socialistas navarros. Celebradas las elecciones autonómicas de mayo de 2007, el partido socialista se encontraba en situación de alcanzar la Presidencia del Gobierno de Navarra, previo pacto, con Nafarroa Bai (conglomerado electoral de partidos nacionalistas, independentistas, etc.). "Mr. Bean" había dado su conformidad a este pacto. Para ello, se iniciaron las oportunas reuniones y conversaciones. Conseguido el acuerdo, que se aprobó por mayoría abrumadora en la ejecutiva regional, y cuando se iba a proceder a su firma, "Mr. Bean" llamó a capítulo a Fernando Puras y le obligó a desdecirse. El incauto regresó a Pamplona, avergonzado y posteriormente abucheado por sus propios compañeros, tuvo que optar por la renuncia y retirarse a sus cuarteles de invierno.
El último, por el momento, de esta sabrosa relación, es Juan Ignacio Pla Durá, Secretario General de los socialistas valencianos, al que, previa filtración por parte de la prensa afín al poder, se le ha acusado de no haber pagado la reforma de su casa, como paso inicial a la correspondiente campaña mediática de acoso y derribo. Antes de llegar a esta situación, y viendo la suerte corrida por sus compañeros de la presente lista, ha decidido abandonar y dejar paso libre a Jordi Sevilla, candidato del "jefe".
Pienso que los ciudadanos nos sentiríamos muy tranquilos si los mayores "chanchullos" de la clase política fueran no abonar la reforma de sus pisos.
Si a estos "caídos", por "Mr. Bean" y por la patria, añadimos los de Ángel Villalba Alvárez y de Juan Carlos Alemán Santana, Secretarios Generales de los socialistas en Castilla y León y Canarias, respectivamente, que se han ido "voluntariamente", antes de que los echen, en aplicación del refrán castellano "cuando las barbas de tu vecino veas pelar pon las tuyas a remojar", nos encontramos con que la depuración ha superado el 50% de los líderes regionales del partido.
A este "purga" directa, se añade otra "limpia" más subliminal, consistente en apartar de los órganos de decisión del partido a aquellos socialistas que pudiesen dar problemas, mediante procedimientos más sutiles, como el de asignarles puestos bien retribuidos y tranquilos. En esta "limpia" incluimos a: Francisco Vázquez Vázquez, alcalde de La Coruña, que ha sido nombrado embajador en El Vaticano; José Borrell Fontelles, que le han enviado a "vegetar" al Parlamento Europeo; Joaquín Almunia Amann, que le han desplazado a la Comisión Europea, como Comisario por España; Alfonso Guerra González, Presidente de la Comisión Constitucional del Congreso, que tiene que "tragar" con unos Estatutos, a todas luces, inconstitucionales y además le han dejado mudo, privando a la ciudadanía de sus frases ingeniosas.
Otros socialistas de prestigio, como Manuel Marín González o Joaquín Leguina Herrán, han decidido abandonar la política, hartos de aguantar las "bufonadas" de "M.Bean" y de su acólito, José Blanco, aprendiz de dictador.
Y, finalmente, otros, como Rosa Diez González, que han dejado el partido para crear una nueva formación política donde se respire libertad y democracia, conceptos, teóricamente, fundamentales del partido socialista.
Esta operación "limpieza" llevada a cabo ante la pasividad de las figuras destacadas del socialismo español, conduce inexorablemente a un partido en el que primará el "caudillismo", y las decisiones y elecciones internas se aprobarán por aclamación, como en los mejores tiempos del franquismo.
Triste realidad para un partido centenario que ha caído en manos de un "iluminado" ingenuo (Alfonso Guerra, en privado, le apoda, "Bambi"), la modalidad más peligrosa de la especie humana, tal y como recoge la Historia, con abundantes ejemplos de esta clase de individuos y de los daños, en algunos casos, irreparables que produjeron a sus conciudadanos.
Y a todo esto, me pregunto ¿En qué se ha convertido el partido socialista, que durante toda su historia nos ha vendido la imagen de partido modélico en su defensa de la libertad y del respeto a la democracia interna?.
¿Cómo pueden aguantar, una vez si y otra también, sus aventuras y disparates, cuando siempre han presumido de inconformistas y reivindicativos frente a las injusticias?.
¿Cuantas críticas han vertido sobre otros partidos porque los candidatos eran designados por los "jefes", y estos hacían y deshacían a su antojo?.
Buscando alguna justificación lógica a esta anómala situación, solamente me vienen a la mente dos posibles explicaciones. La primera, conduce a pensar que el socialismo español se ha transformado en un partido burgués y "pancista", que aplica el dicho "a vivir que son dos días". La segunda, me preocupa más, ya que supondría constatar que el poder actual de la masonería en España es más fuerte de lo que podíamos imaginarnos, tal y como sucedió cuando se proclamó la 2ª República, en que casi la mitad de los miembros del Gobierno pertenecían a alguna logia masónica.
Madrid, 11 de noviembre de 2007
Adolfo Suárez González
Una visión personal
Autor: Geromín
Al cumplirse el trigésimo aniversario de las primeras elecciones democráticas celebradas en España después de la Guerra Civil, emerge de nuevo a la actualidad la figura de Adolfo Suárez, aunque esta vez con un enfoque diferente a cuando le echaron de la Presidencia del Gobierno. Entonces todos los medios de comunicación, partidos políticos y organizaciones sociales, sin excepción, vertieron críticas acerbas e incluso insultantes para su persona, mientras que ahora todos son parabienes y reconocimientos a la tarea que llevó a cabo durante un periodo de la historia reciente de España.
Es repugnante contemplar como antiguos miembros de su propio partido, que le clavaron puñales por la espalda y le traicionaron de forma ignominiosa, ahora se deshacen en alabanzas a su persona (triste comportamiento de los políticos cuyo sentido de la dignidad brilla por su ausencia). Lamentablemente esto sucede cuando él se encuentra fuera de nuestra realidad.
Discrepando de ambas posturas, me tomo la libertad de puntualizar o corregir a los eminentes historiadores y escritores que han llenado páginas y páginas describiendo y analizando a este personaje.
Esta visión, que se expone a continuación, se basa en el conocimiento de la persona y del entorno sociocultural en el que se desarrolló su juventud, factores que considero explican y, en parte, justifican sus comportamientos posteriores.
En mi opinión, en la vida de Adolfo Suárez existen tres periodos claramente diferenciados, en los que el personaje se manifiesta de manera distinta. En el primero, que finaliza, aproximadamente, cuando cumple los 25 años, aparece el Adolfo joven, alegre y audaz, pero inmerso en un entorno social que no le acepta y con una situación familiar complicada. El segundo, comprende su fase ambiciosa, en la que subordina todos sus principios y actuaciones a la consecución del objetivo buscado, que no es otro que llegar a lo más alto del escalafón político, resarcirse de las privaciones sufridas en su juventud y demostrar al mundo quien es Adolfo Suárez. Esta etapa termina cuando cumple los 60 años. Y finalmente, el tercero, que nos lleva hasta el momento presente, en el que aparece un ser humano derrotado y decepcionado, que se ve sometido a una enorme tragedia personal, que, probablemente, su mente no ha podido soportar.
Vamos a exponer, de forma resumida, los hechos y circunstancias más significativas de cada periodo.
1.- Juventud y Penurias
Adolfo (me tomo la libertad de llamarle así) nació en Cebreros, en el seno de una familia de clase media, que pronto se trasladó a Ávila. Su padre, de procedencia gallega, Hipólito, conocido por "Polo", ejercía de Procurador de los Tribunales. Era persona bastante "alegre" y de costumbres un tanto "ligeras" para la época en la que vivió. De ideas republicanas, (perteneció al partido Acción Republicana) no fue represaliado después de la Guerra Civil, merced a los buenos oficios de sus compañeros de profesión. Pero esta circunstancia hizo que nunca fuera plenamente aceptado en esa sociedad católica de los años cuarenta, en especial en una ciudad como Ávila. Por el contrario, su madre, Dª Herminia, era la típica mujer callada, sufrida y trabajadora. Venía de una familia acomodada de Cebreros, donde, entre otros bienes, poseía una fábrica de anís (Anís González). Su padre había sido fusilado por los franquistas. Circunstancia similar a la de Rodríguez Zapatero, pero con la diferencia que Adolfo nunca hizo carrera de ello, ni le presentó a la opinión pública como un mártir de las libertades.
Fueron cinco hermanos (Adolfo, Hipólito, Carmen, Ricardo y José María). Curiosamente, tres de ellos (Adolfo, Ricardo y José Maria) salieron al padre, en su forma de ser y comportamiento, mientras que los otros dos (Hipólito y Carmen) eran parecidos a la madre.
Adolfo estudió el bachillerato en el Colegio San Juan de la Cruz, regido por la Iglesia y único privado que había en Ávila (donde iban los niños que eran de "buena familia" o aspiraban a serlo). Era mal estudiante y así lo testifican los profesores particulares que intentaron inculcarle las materias de los respectivos cursos. Siendo adulto, se vanagloriaba, en múltiples ocasiones, de no haber leído nunca un libro completo. El mismo Fernando Abril Martorell, le comentaba que los libros no transmiten enfermedades y suelen tener efectos beneficiosos.
Se matriculó, por libre, en la Facultad de Derecho de Salamanca, terminando la carrera en el año 1954, a trancas y barrancas, después de un peregrinaje por otras universidades, buscando los aprobados.
Desde muy joven tenía vocación de líder y como tal se comportaba en las pandillas juveniles que existían en la ciudad (era el jefe de los "comanches"). De trato agradable, con un carisma y un atractivo personal indiscutible. Estas cualidades le llevaron a ser Presidente de Acción Católica en Ávila, con tan solo veinte años de edad y con una formación religiosa bastante escasa.
La situación familiar, no muy boyante, desde el punto de vista económico, se vio agravada por la tendencia que tenía "Polo" a manejar el dinero que los clientes le entregaban, a cuenta, en la tramitación de los asuntos judiciales, para satisfacer sus aficiones en las mesas de juego. Esta circunstancia era de dominio público en los medios jurídicos abulenses, por lo que, a fin de evitar la apertura de un procedimiento judicial en su contra, por denuncia de algún afectado, y siguiendo los consejos de sus amigos, tomó la decisión de trasladarse a Madrid en el año 1955, dejando a la familia con serios problemas de supervivencia.
En este contexto nada favorable para Adolfo, aparece en Ávila, Amparo, hija de Ángel Illana, Coronel Jurídico del Ejército. Era una joven culta, muy católica y agraciada físicamente. Como todas las veraneantes que llegaban de Madrid para pasar el estío en Ávila, constituía un atractivo irresistible para los jóvenes universitarios abulenses que veían en ellas una posibilidad de entablar nuevas relaciones. Puede afirmarse que Amparo constituía lo que entonces se denominaba "un buen partido".
Adolfo, que para "ligar" era irresistible a las mujeres, entabló rápidamente una buena amistad con Amparo y en especial con su madre a la que se ganó para el resto de su vida. No sucedió lo mismo con el padre, que mantuvo una postura de rechazo hacia Adolfo hasta su muerte en el año 1972, ya que nunca aceptó el matrimonio de su hija.
Como se deduce de la lectura de estas líneas, la juventud de Adolfo fue bastante complicada y, en mi opinión, para una persona de sus características pudo inculcarle un sentimiento de revancha hacia la sociedad, que podría explicar algunas actuaciones posteriores.
2.- Ambición y Renuncias
En el año 1956, nombran a Fernando Herrero Tejedor, Gobernador Civil de Ávila, que resulta ser compañero de promoción de Ángel Illana. La madre de Amparo, teniendo en cuenta la situación económica y laboral en la que se encontraba Adolfo, pide a Herrero Tejedor le coloque en el Gobierno Civil en cualquier puesto, a lo que éste accede y Adolfo pasa a su Secretaría particular, para "chico de los recados". Lo mismo sube un café, que entretiene a las visitas en la antesala del despacho del Gobernador. Esta labor la lleva a cabo a plena satisfacción de su jefe, y de esta forma comienza una colaboración entre ambos que, al margen de los altibajos correspondientes, culminará con la llegada de Adolfo a la Vicesecretaría General del Movimiento.
En las distintas biografías que se han escrito sobre Adolfo, han aparecido muchos "personajillos" abulenses que se han atribuido el mérito de haber colocado a Adolfo con Fernando Herrero Tejedor, cuando la verdad es la que se expone en estas líneas.
A partir de este momento, Adolfo comienza una escalada política, que se caracteriza por una ambición desmedida, subordinando todas sus creencias y principios a la consecución del objetivo final.
En el terreno político tampoco fue aceptado de buen grado, ya que en esa época, la clase política provenía del Colegio de El Pilar u otro similar y Adolfo era un "desclasado", que encima se jactaba de despreciar la cultura.
En el año 1961, se casa con Amparo y experimenta unos cambios externos de personalidad muy significativos. Se acerca al Opus Dei, convirtiéndose en católico practicante, se obsesiona por adular a los que detentan el poder, alquila apartamento y chalet en los lugares en los que veraneaban Carrero Blanco y Alonso Vega (los jefes del cotarro), a cuyas esposas, como a la de Herrero Tejedor conquista para su causa y que a la postre resultaron ser sus valedoras en los momentos trascendentales de los ascensos políticos.
Sin entrar a detallar toda su trayectoria política, que puede consultarse en cualquier biografía, y alargaría en exceso este artículo, me centraré exclusivamente en su etapa como Presidente del Gobierno.
En mi opinión, y después de una fase inicial brillante en la que consiguió desmontar el entramado legal franquista de forma pacífica y preparar el terreno para la llegada de un nuevo sistema político, dio rienda suelta a su orgullo personal y creyéndose el "rey del mambo", se dejó llevar por sus ideas republicanas y de izquierdas (Santiago Carrillo llegó a afirmar que Adolfo era de los suyos), así como por el deseo de revancha para resarcirse de sus penurias y desprecios sufridos a lo largo de su vida y que, en parte, han quedado reflejados en este artículo.
Los errores más importantes que, desde mi punto de vista, cometió Adolfo, como Presidente de Gobierno, podemos resumirlos en los siguientes puntos:
a) Engaño al estamento militar
En el mes de enero de 1977, Adolfo mantuvo una reunión con los altos mandos militares en la que les explicó todo el proceso político que estaba en marcha. En el turno de intervenciones, le preguntaron por el partido comunista, y él dijo textualmente "les juro por mi honor que el partido comunista nunca será legalizado". Cuando se planteó la necesidad de proceder a esta legalización, sus asesores le aconsejaron celebrar una nueva reunión para explicar que las circunstancias habían cambiado y era necesario dar este paso. Esta propuesta fue descartada por Adolfo en base a que los militares deben plegarse al poder civil y no hay motivos para dar explicaciones. A partir de este momento, y de forma gratuita, se ganó su enemistad para el resto de su existencia.
b) No retirarse a tiempo
En el programa elaborado por Torcuato Fernández Miranda para llevar a cabo la Transición, se establecía que desmontado el régimen anterior, Adolfo abandonaría la Presidencia del Gobierno dando entrada a otro político de mayor calado. Esta condición había sido aceptada por el propio Adolfo, como así lo manifiesta Carmen Diez de Rivera en sus Memorias, y lo corrobora Luís Herrero en su libro "Los que le llamábamos Adolfo", pero él, llegado el momento, encumbrado por el éxito y apoyado en ese momento, de forma inexplicable, por la Corona, no se plegó a este plan y se presentó a las elecciones generales de junio de 1977, fecha a partir de la cual, comenzó su declive y posterior calvario político.
c) El Estado de las Autonomías
Los partidos políticos estaban de acuerdo en restablecer, en la nueva Constitución, la situación de España, en el momento de la sublevación militar. Es decir, aprobar unos Estatutos de Autonomía para Cataluña, el País Vasco y probablemente Galicia, sin modificar el resto de la estructura del Estado, y así lo pactó con Santiago Carrillo en la entrevista que ambos mantuvieron para planificar la entrada del partido comunista en el proceso de reforma. Adolfo fue más lejos y so protexto de no crear discriminaciones entre territorios y atendiendo las sugerencias del partido socialista, se inventó y alentó el Estado de las Autonomías, que dependiendo del día en que se trataba el tema, eran 15, 16 ó 18 las Comunidades Autónomas que aparecían sobre la mesa. No existía un plan prediseñado sobre la división territorial de España y así, al final, aparecieron comunidades como Cantabria, La Rioja o Murcia como en ningún momento habían figurado como tales. Evidentemente esta decisión terminó con el paro en la clase política y engordó hasta la saciedad los cargos públicos que viven a costa del presupuesto nacional, pero abrió un proceso, cuyo final, en la actualidad, sigue siendo impredecible. Y para mayor abundamiento no agradó a los partidos nacionalistas, sino más bien al contrario les impulsó a incrementar sus demandas. Si hubiese leído el discurso que pronunció José Ortega y Gasset en el Parlamento español, el año 1932, sobre el Estatuto de Cataluña, habría comprendido que su postura era totalmente errónea.
d) Enfrentamiento con la Corona
Aprobada la Constitución Española y sin imperativo legal, convoca nuevas elecciones para el 1º de marzo de 1979 a fin de satisfacer su ego personal y aparecer como el primer Presidente constitucional de España, quedando así desligado completamente de la Monarquía. Adolfo sabía que su candidatura a la Presidencia del Gobierno había sido una apuesta personal de Torcuato Fernández Miranda, ya que el Rey tenía una lista (Fraga, Areilza, Silva López Bravo, etc.) en la que Adolfo estaba en último lugar, pero aceptó nombrar a Adolfo con la condición de su renuncia en el momento indicado.
Como es bien sabido, las elecciones las vuelve a ganar y a partir de ese momento comienza un distanciamiento de la Corona con el fin de asumir, de forma exclusiva, el protagonismo de la Transición (llegó a maquinar para ser propuesto al Premio Nóbel de la Paz del año 1978). Esta postura, que, al día de hoy, es perfectamente comprensible, no resultaba aconsejable en ese momento y supuso el principio del fin de su carrera política.
Adolfo se quejaba, frecuentemente, del "borboneo" al que le tenía sometido el Rey, En esa época, el poder de la monarquía era muy considerable y Adolfo no valoró bien sus posibilidades. En estas circunstancias, el entorno de la Casa Real puso en marcha una campaña de acoso y derribo, movilizando todos los medios a su alcance (políticos, económicos, militares y católicos) para separar a Adolfo Suárez de la Presidencia del Gobierno.
Desde el año 1979, fecha en que toma esta decisión, hasta que se produce su cese en el año 1981, aguanta todo tipo de traiciones, calumnias, conjuras, etc.
Adolfo era consciente de estos movimientos y así se lo hizo saber a Fernando Álvarez de Miranda en una entrevista que mantuvo con él, un mes antes de su cese, llegándole a decir que conocía la propuesta que se barajaba de sustituirle por el General Armada, pero que a él le sacarían de La Moncloa con los pies por delante.
e) Política exterior tercermundista
Fiel a sus ideas políticas y desoyendo las opiniones y consejos de sus asesores, mantuvo una política exterior tercermundista. Era enemigo de la entrada en la OTAN y así lo manifestó en reiteradas ocasiones, la última a Felipe González, cuando éste, siendo Presidente del Gobierno, le pidió colaboración para la campaña a favor de la entrada de España en esta organización y Adolfo se negó. En el conflicto de Oriente Medio se decantó por los palestinos, llegando a entrevistarse con Yaser Arafat, lo que motivó el rechazo del pueblo judío. Defendía el régimen dictatorial de Fidel Castro y asistía a las reuniones de los Países No Alineados. En resumidas cuentas un auténtico desastre en el campo diplomático.
f) Enfrentamiento con la Iglesia y el Capital
Promovió la Ley del Divorcio, que si bien era necesaria, debería haberla tramitado de forma consensuada y probablemente sin tanta urgencia. Al año de su aprobación, solamente 12.000 parejas habían solicitado el divorcio, de las que un porcentaje elevado llevaría viviendo separados bastante tiempo. Es curioso comprobar que una persona como Adolfo que había coqueteado con el Opus Dei y presumido de un catolicismo arraigado durante su etapa de ascenso, cuando llega al poder promueva esta Ley y de la forma en que lo hizo. Esta circunstancia le supuso una seria crisis matrimonial, dadas las creencias de Amparo.
Igualmente, y de forma gratuita, se enfrentó con la gran banca, presumiendo en foros públicos que él los pondría a raya y terminaría con las ganancias abusivas. Publicó las listas de los contribuyentes en el IRPF lo que soliviantó todavía más a las grandes fortunas.
g) Falta de autoridad en el seno de la UCD
En el año 1977, cuando Adolfo decide presentarse a las elecciones generales, constituye en torno a su figura, una coalición de "partidillos", que no representaban a nadie, pero que sirvió para dar contenido a una oferta electoral. Esta coalición ganó dos convocatorias electorales y desató a los "barones" del partido que se creyeron verdaderos líderes políticos, lo que dio lugar a que UCD se convirtiera en un "gallinero" con muchos gallos. Esta situación se agravó cuando llegó la orden de acoso y derribo procedente de la Casa Real.
Adolfo, aunque parezca mentira, no tuvo el valor y la capacidad política necesaria para imponer una disciplina interna férrea y que cada miembro asumiese sus cometidos y responsabilidades. Por el contrario, se refugió en La Moncloa y se dedicó a jugar interminables partidas de mus con sus amigos más íntimos.
Este cúmulo de despropósitos puso en bandeja al Rey la solución del contencioso que mantenía con Adolfo, por lo que, el 22 de enero de 1981, y dada la situación en la que se encontraba el país, le pidió su dimisión.
Adolfo, probablemente cansado de luchar contra los elementos, encontrándose solo, enfrentado a todos, incluso a los de su propio partido, conociendo la existencia de un plan alternativo (solución Armada) y con el señuelo del Ducado de Suárez, que satisfacía, en parte, su orgullo personal, aceptó la propuesta y dejó la Presidencia del Gobierno.
Después de unas vacaciones, y una aventura empresarial no muy exitosa, intentó regresar a la política, fundando un nuevo partido, el Centro Democrático y Social (CDS), con la finalidad de convertirse en un partido bisagra que tuviese poder de decisión, entre los dos grandes partidos que se perfilaban. Después de unos éxitos iniciales, pero efímeros, el proyecto no cuajó y, curiosamente, próximo a cumplir los 60 años, en el año 1991, decidió abandonar la política.
3.- Decepción y Tragedia
Esta nueva fase de su vida se caracteriza por la reaparición del ser humano, desprovisto de ambiciones, decepcionado por los acontecimientos y por el comportamiento de las personas.
Cuando se encontraba en una fase de relajación y de reencuentro con la familia, a su hija predilecta, Mariam, que fue la única que le había arropado en los momentos difíciles, se la detecta, en el año 1993, un cáncer de mama, estando embarazada de tres meses. En contra de la opinión de los especialistas, no consiente someterse a ningún tratamiento, pues sus creencias católicas la impiden poner en riesgo la vida del feto. Este tiempo perdido, parece ser, fue decisivo para la evolución de la enfermedad, que después de mantener una lucha titánica contra ella, termina con su vida en el año 2004, cuando ya su padre no es consciente del fallecimiento.
La situación se le complica aun mas, cuando, al año siguiente, en 1994, a Amparo se la detecta la misma enfermedad, pero todavía más agresiva, pues fallece en el año 2001, después de una penosa evolución.
Los diez años transcurridos entre 1992 y 2002, fueron muy duros para Adolfo y estuvieron dedicados, íntegramente, a su familia y a intentar salvar la vida de sus seres queridos. Su vida transcurría en las clínicas, pendiente de los resultados de las pruebas, de los tratamientos aplicados y de las operaciones a las que se sometían Mariam y Amparo.
Como las desgracias nunca vienen solas, reaparecieron problemas económicos que parecían ya olvidados y que le obligaron a desprenderse de parte de su patrimonio y a verse implicado en procesos judiciales que pudieron manchar su imagen.
Fueron tiempos de homenajes, premios, condecoraciones, etc. que no compensaban, en absoluto, el dolor y la tristeza que le invadía.
En mi opinión, estas trágicas circunstancias, junto con un abatimiento personal por el desencanto político, fueron los desencadenantes de su enfermedad mental.
En el año 2003, se le detectó un problema cerebral, incipiente pero degenerativo, que al final le ha llevado a la situación actual, en la que no es consciente de la realidad en la que vive.
Durante un tiempo, ha estado al cuidado de Maria Elena, la "tata" de toda la vida, pero que también falleció. En la actualidad, es su hija, Laura, curiosamente la más despegada de la familia, ya que había permanecido largas temporadas en Londres, la que, con ayuda de personal especializado, se encarga de su cuidado y parece ser le han devuelto a una situación menos lastimosa que la que tenía.
Recientemente, a su otra hija, Sonsoles, se le ha diagnostico otro tumor similar al de su madre y hermana del que parece ser podrá recuperarse.
No quisiera terminar este artículo sin resaltar el "comportamiento" de su hijo, Adolfo Suárez Illana "Junior", que erigido en portavoz de la familia, intenta estar presente en todos los foros en los que se habla de su padre, para rentabilizar su figura en beneficio propio.
A pesar de este "afecto" filial, no dudó en presentarle, públicamente, en un mitin durante la campaña de las elecciones autonómicas del año 2003 para conseguir algún voto, cuando ya estaba afectado por la enfermedad. Este desatino, permitió que el pueblo español comprobara de forma directa el triste estado en que se encontraba el que fue Presidente del Gobierno de España en una etapa trascendental para su historia.
Como resumen de lo expuesto, podría afirmarse que la vida de Adolfo Suárez, a pesar de las apariencias, no ha sido precisamente un camino de rosas sino más bien todo lo contrario. Sufrió en su juventud, a causa de la situación familiar. Sufrió en su madurez, por los acontecimientos que han quedado reseñados, con el agravante de la existencia de un problema dental que le daba muchos dolores de cabeza y le impedía saborear el placer de la comida. Solamente disfrutó del triunfo en un breve periodo de su existencia, pero creo que el mismo fue consciente, a posteriori, que no había merecido la pena renunciar a tantas cosas (principios, familia, dignidad, ideales, etc.) para conseguir el objetivo marcado.
Era un excelente comunicador, un cautivador nato y un buen amigo de sus amigos, como lo demostró en numerosas ocasiones. Podría relatar numerosas anécdotas que ratifican esta afirmación.
En mi opinión, el orgullo, la falta de formación y puede que el deseo de revancha, le vencieron en aquellos momentos en los que debía haber actuado con una mayor prudencia y con un mayor sentido de Estado.
Madrid, 16 de octubre de 2007
Requiem por Miguel Sebastián
Autor: Geromin
Durante el pasado año de 2006, el Sr. Rodríguez Zapatero y destacados dirigentes del partido socialista no se cansaban de repetir, públicamente, que el candidato que presentarían para la Alcaldía de Madrid sería un personaje con un gran bagaje cultural y con amplio respaldo popular.
Después de numerosos intentos fallidos por convencer a distintas personalidades socialistas y del mundo de la cultura para que aceptasen la denominación, el inefable Rodríguez Zapatero nos sorprende a todos, incluidos los miembros de su propio partido, con la designación, a dedo, de Miguel Sebastián, hasta ese momento Jefe de la Oficina Económica del Presidente, es decir el que tenía mas cerca de su despacho en Moncloa y el mas dócil y servil a los designios del Presidente.
Miguel Sebastián, economista de ideología liberal, procedía del BBVA, donde había sido Jefe del Departamento de Estudios, cargo del que fue cesado por la elaboración de un Informe muy crítico con la política de Rodrigo Rato, a la sazón Vicepresidente económico del Gobierno del Partido Popular.
Su designación que conmovió los cimientos del Partido Socialista Madrileño, tan dado a la ortodoxia en sus actuaciones, ha sacado a la luz la calidad humana de Miguel Sebastián.
Hace cincuenta años, sucedió un hecho similar con el Conde de Mayalde. Este aristócrata franquista disfrutaba placidamente de los privilegios del régimen, en cargos importantes pero sin proyección pública, hasta que un día, el General Franco decidió que era la persona idónea para desempeñar la Alcaldía de Madrid. Esta decisión causó un gran disgusto en su familia, que preguntada por esa reacción inesperada, ya que se trataba de un cargo de mayor representatividad y honores, respondió, lacónicamente: "hasta ahora, solamente la familia sabíamos que era tonto, pero a partir de este momento lo va a comprobar toda España", y, efectivamente así ocurrió.
Pues bien, con Miguel Sebastián ha sucedido algo parecido pero con ligeros matices, ya que este individuo nunca será Alcalde de Madrid.
Hasta su designación, por el método franquista, únicamente las personas que trabajaban en temas económicos conocían como maniobraba el candidato.
Pero a partir de ese momento, son de dominio público las tropelías que ha llevado a cabo desde su puesto en la Oficina Económica del Presidente.
Entre ellas, destaca, en primer lugar, la elaboración de un dossier, falso e injurioso, contra Francisco González, Presidente del BBVA, su anterior jefe, para destituirle del cargo, como venganza personal. Este dossier lo filtró a la cadena SER y posteriormente al Sr. Arenillas (el Comilón), Vicepresidente de la CNMV. El expediente abierto al efecto fue archivado por falta de pruebas.
No contento con este "trabajo" arremetió, seguidamente, contra Manuel Pizarro, Presidente de Endesa, para lo cual celebró numerosas reuniones con representantes de Gas Natural y La Caixa, en las que se acordó regalar Endesa a La Caixa y trasladar a Barcelona, en detrimento de Madrid, el centro de decisiones de un sector tan importante como el energético. Los acontecimientos habidos con posterioridad han puesto en evidencia esta impresentable maniobra.
Intentó asimismo "cargarse" a Cesar Alierta, Presidente de Telefónica, que le ganó por la mano al pactar con el Jefe del Imperio (Jesús de Polanco), y a Alfonso Cortina, Presidente de Repsol, que abandonó el cargo de forma voluntaria.
El pecado cometido por estas personalidades era su posible afinidad al Partido Popular, lo que pone de manifiesto su carácter sectario, descalificando y demonizando todo aquello que se desvíe de sus ideas, en principio liberales y convertidas a marchas forzadas en "progresistas".
Igualmente, y llevado por su amor a Madrid y su defensa de los intereses de los madrileños, apoyó y favoreció el traslado de la Comisión Nacional del Mercado de las Telecomunicaciones a Barcelona.
Nuevamente impulsado por ese interés hacia la ciudad de Madrid, redujo al mínimo las inversiones del Estado en esta Comunidad autónoma.
A todo este bagaje cultural del candidato, debemos añadir que se encuentra denunciado ante los Tribunales de justicia, por posibles maniobras delictivas en la sociedad financiera Intermoney.
Durante la campaña electoral, también hemos podido disfrutar de algunas perlas de este sujeto, apuntándose a todos los "saraos", como el de los árboles de la Sra. Baronesa o las inundaciones de la M-30.
Y para terminar de conocer su formación moral y ética, no dudó en recurrir a métodos tan censurables como el ataque a la vida privada de su adversario electoral, en los debates televisivos.
Eso sí hay que reconocerle su capacidad innata para preparar frases ingeniosas ante cualquier circunstancia o acontecimiento.
En mi opinión, el histórico batacazo electoral del 27 de mayo, el peor resultado del partido socialista en el democracia, ha hecho justicia a un candidato impresentable, que encima nos amenaza con seguir "trabajando" para Madrid.
Teniendo en cuenta sus anteriores "trabajos", aquí reseñados, y en nombre de los madrileños, le pediría que trabaje para otras ciudades, por ejemplo, en el Maestrazgo, zona en la que puede desarrollar todos sus conocimientos de economía y poner en práctica una política de "progreso", término que suelen emplear aquellos incompetentes que carecen de ideología, pero que afortunadamente a los madrileños ya no nos engañan.
Esta circunstancia debería, igualmente, hacer reflexionar al Partido Socialista Madrileño en la designación de candidatos para futuras elecciones y no plegarse dócil y servilmente a los designios del Jefe. ¡Que tiempos aquellos en los que José Acosta se enfrentaba a Joaquín Leguina y a Felipe González en defensa de sus ideas y sin ningún temor a ser represaliado!.
Este pequeño detalle pone de manifiesto, en mi opinión, el retroceso que ha experimentado el partido socialista, durante el mandato de Rodríguez Zapatero y de su acólito, José Blanco, aprendiz de dictador, en lo referente a la libertad de expresión y actuación de sus miembros, a los que ha amordazado y maniatado. Lamentablemente para la democracia, unos, han sido desterrados, caso Francisco Vázquez al Vaticano; otros han abandonado la lucha, caso Rodríguez Ibarra, Bono, Leguina, etc; y otros mas están intentando crear una nueva formación política que defienda la libertad y la dignidad de las personas por encima del poder establecido.
Madrid, 29 de mayo de 2007
Los Cadáveres Políticos de la Monarquía
Autor: Geromín
La Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, una de las ocho leyes fundamentales del franquismo aprobada en el año 1947, definía España como un Reino y designaba a Francisco Franco Bahamonde Jefe del Estado con carácter vitalicio. Asimismo le otorgaba la facultad para proponer su sucesor a título de Rey, en la persona que él estimase oportuno, con los únicos condicionamientos de ser católico, haber cumplido los treinta años y reunir las cualidades necesarias para el cargo.
En el año 1969, el general Franco, presionado por el almirante Carrero Blanco y su entorno, que eran los que realmente gobernaban la nación, dado el declive físico del Jefe del Estado, decide nombrar sucesor a Juan Carlos de Borbón, y le otorga el título de Príncipe de España, como una prueba evidente de que se instauraba una nueva monarquía, sin nexo alguno con la anterior.
A partir de este momento, el entorno que apoya al Príncipe inicia una ingente tarea, no escatimando medio alguno, con la televisión pública en punta de lanza, para consolidar una institución que no gozaba del aprecio del pueblo, dados los antecedentes de la dinastía borbónica. Esta familia llegó al trono de España en cumplimiento de lo acordado en el Tratado de Utrech, que puso fin a la Guerra de Sucesión y terminó con todas las colonias españolas en Europa. Los distintos monarcas de esta dinastía, con la excepción de Carlos III, no estuvieron a la altura de las circunstancias en ninguno de los momentos históricos que les tocó vivir, más bien al contrario se dedicaron a los festejos cortesanos y a sus devaneos y aventuras amorosas extraconyugales. Entre tanto, nuestro país sufría un importante retroceso en su desarrollo y quedaba al margen de las revoluciones industriales que se producían en Europa. Este comportamiento dejó en el pueblo un sentimiento antimonárquico que propició dos intentos fallidos para implantar un régimen republicano.
Al fallecimiento de Franco, los partidos políticos, poderes fácticos y organizaciones sociales llegaron al convencimiento de que la única salida pacífica del Régimen, era la aceptación de la monarquía como forma de gobierno y así quedó plasmado en la Constitución Española.
A lo largo de estos treinta años de reinado de Juan Carlos I, se han producido diversos acontecimientos que, en la línea de consolidar la monarquía, han dejado en el camino varios cadáveres políticos.
La finalidad de este artículo es identificar estos personajes y exponer los motivos por los que, en mi opinión, pueden ser calificados con este apelativo. Dejo al margen los cadáveres económicos, caso Manuel Prado y Colón de Carvajal, que se ha tragado los "sapos" correspondientes a algunos "negocios" extraños de la monarquía.
El primero de ellos y el que tiene el dudoso honor de encabezar la lista, es su propio padre, Don Juan de Borbón, cuya obsesión por ser Rey de España le llevó a cometer actos tan irresponsables como sumarse al alzamiento militar, entrando en España bajo nombre falso, teniendo que ser detenido por las fuerzas franquistas y devuelto a la frontera. Posteriormente, y tras el triunfo de los aliados en la II Guerra Mundial, publicar el llamado "Manifiesto de Lausana" en el que reclamaba indirectamente la intervención aliada en España para restaurar la monarquía en su persona como garante de las libertades democráticas. Comprobada la inutilidad del Manifiesto, reunirse con el general Franco para entregarle a su hijo Juan Carlos a fin de que fuese educado en España, con la esperanza de que a la muerte de Franco, él asumiría la Corona, previa renuncia de su hijo, al que creía dominar. Y finalmente, participar, directa o indirectamente, junto a representantes de partidos republicanos, en todos los conciliábulos que tenían lugar en las décadas de los años sesenta y setenta.
La realidad es que llegado el momento de la designación de Juan Carlos, a Don Juan la noticia le coge fuera de juego, a pesar de contar con un Consejo Privado que, teóricamente, le debería informar de lo que acontecía en España. Su reacción ante este nombramiento fue tan violenta que disolvió este Consejo y suspendió todo tipo de contactos con su hijo, situación que perduró durante varios años. Al final, y ante la realidad de los hechos, cedió en su pretensión y reconoció a su hijo como Rey de España, pasando a la Historia, como hijo de Rey, padre de Rey, pero sin llegar a reinar nunca.
Siguiendo un orden cronológico, el segundo cadáver es Carlos Arias Navarro, franquista declarado, que había desempeñado diversos cargos políticos durante la Dictadura y que fue nombrado Presidente del Gobierno a la muerte del almirante Carrero Blanco. Desde este puesto inició una tímida reforma política que fue duramente criticada por los inmovilistas del sistema. Al producirse la muerte del general Franco y el posterior nombramiento de Juan Carlos como Jefe del Estado, Arias Navarro presentó su dimisión al Rey, que no fue aceptada en base a que, según la Corona, estaba siguiendo una línea adecuada de apertura.
Al cabo de seis meses y cuando ya se había diseñado el programa de la Transición en el que evidentemente Arias Navarro no tenía cabida, fue llamado por el Rey para pedirle la dimisión que seis meses antes le había rechazado. Ignoro las razones expuestas por el Jefe del Estado para justificar este cambio de actitud en tan corto intervalo de tiempo.
Arias Navarro accedió a la petición y se retiró de la vida pública con el título de Marqués de Arias Navarro.
El tercer cadáver de esta lista es Torcuato Fernández Miranda, catedrático de Derecho Político, mano derecha del almirante Carrrero, preceptor del Rey y uno de los promotores del nombramiento de Juan Carlos como sucesor de Franco, a título de Rey. Fue Vicepresidente del Gobierno con Carrero Blanco y, curiosamente, cuando éste muere a consecuencia del atentado terrorista, no es nombrado Presidente. Fue asimismo el redactor material del proyecto de la Transición.
En diciembre de 1975, es designado Presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, puesto desde el que dirigió el proceso, facilitó la llegada de Adolfo Suárez a la Presidencia del Gobierno y condujo la tramitación y aprobación de la Ley para la Reforma Política, norma legal básica para la posterior evolución de los acontecimientos.
En mayo de 1977, y tras la decisión de Adolfo Suárez de presentarse a las elecciones generales, rompiendo así el programa diseñado, liderando un conglomerado de "partidillos" y políticos ambiciosos que formaron la UCD, Torcuato se entrevista con el Rey y le transmite su oposición a esta decisión, dado que en el plan trazado y llegado a este punto, Adolfo Suárez se retiraría y entraría en escena otro personaje de mayor calado, como Fraga, Areilza, Osorio, etc.
El Rey que había congeniado con Adolfo Suárez, dada la ligereza de ambos en asuntos de Estado, hace caso omiso a estas observaciones y expresó su aprobación a la aventura que iniciaba Adolfo Suárez.
Coherente con su planteamiento y conociendo perfectamente las características personales de Adolfo Suárez, Torcuato presentó la dimisión de todos sus cargos y se exilió voluntariamente a Londres, donde falleció al cabo de 3 años.
Fue condecorado con el Toisón de Oro, máxima distinción borbónica, y nombrado Duque de Fernández Miranda.
El entorno del Palacio de la Zarzuela se encargó eficazmente de borrar su figura y su papel en el proceso de la Transición, hasta conseguir su práctica desaparición, ya que su presencia podía ensombrecer la figura del Rey.
Siguiendo este orden cronológico, el cuarto de la lista es el propio Adolfo Suárez González. Este curioso personaje del que se ha escrito y hablado hasta la saciedad, se encuentra actualmente en un estado físico lamentable y es ahora cuando se intenta rehabilitar su imagen. En otro artículo expondré mi opinión al respecto, basada en el conocimiento de la persona y de su entorno, que probablemente discrepará de las versiones oficiales.
Su característica humana más importante fue la ambición a la que supeditaba el resto de su actividad. Se inició en la política de la mano de Fernando Herrero Tejedor, compañero de promoción de su suegro, y a su muerte siguió en el entorno de Carrero Blanco, cerca de Torcuato Fernández Miranda. Le promovieron a la dirección de Televisión Española para cuidar y ensalzar la figura del príncipe Juan Carlos. Cuando accedió a la Presidencia del Gobierno, y en especial, en la primera fase, fue un colaborador eficaz de la monarquía. A partir del año 1979, aprobada la Constitución y eliminado Torcuato Fernández Miranda, inicia una pugna con el Rey para erigirse en protagonista de la Transición. Llegado este punto, en mi opinión, Adolfo Suárez no valoró bien sus fuerzas y, probablemente, dejándose llevar por sus ideas republicanas, heredadas de su padre, comenzó a distanciarse de la Corona y a actuar por su cuenta.
Este cambio de actitud y la popularidad que iba adquiriendo la figura de Adolfo Suárez fue captado por el entorno del Rey, que no veía con buenos ojos esta nueva situación, por lo que reaccionó rápidamente dándose la orden de "acoso y derribo" del Presidente del Gobierno.
En esta miserable tarea participaron importantes financieros, "personajillos" de su propio partido cercanos a la monarquía (Óscar Alzaga, Miguel Herrero, Alfonso Osorio, Fernando Álvarez de Miranda, etc.) que iniciaron sucias maniobras internas para destruir la coalición UCD y, fundamentalmente, los medios de comunicación, que pasaron a tratarle de héroe a villano en cuestión de días.
El propio Adolfo Suárez colaboraba inconscientemente en esta campaña, con su política errática de tintes tercermundistas y su falta de autoridad para terminar con la rebelión interna de su partido.
Al cabo de dos años, la situación se hizo insostenible, por lo que el Rey, una vez conseguido el fin buscado con la Operación "Derribo", le llamó a su despacho para pedirle la dimisión, que como en el caso de Arias Navarro, zanjó con la concesión del Ducado de Suárez.
Digo y afirmo que Adolfo Suárez fue obligado a dimitir, en base a comentarios posteriores hechos por él mismo, en mi presencia, y teniendo en cuenta sus características personales entre las que no cabía el concepto de dimisión.
El quinto miembro de esta ilustre relación es Alfonso Armada Comín. Este Teniente General, Preceptor del Rey y Secretario de la Casa Real, fue víctima de unas conjuras palaciegas y militares que coincidieron en el tiempo, aunque se gestaron por derroteros diferentes. Ambas partían de una realidad común, la situación política en España a finales del año 1980 era insostenible, debido a una serie de factores entre los que pueden destacarse los siguientes: descontrol total del proceso autonómico, numerosos atentados terroristas con víctimas militares, descomposición interna de la UCD, incapacidad del Presidente para abordar los problemas, enfrentamiento con la Corona, política exterior en desacuerdo con nuestra situación geopolítica, etc.
La conjura palaciega estaba planteada ante la posibilidad real de que Adolfo Suárez no se aviniera a dimitir cuando se lo pidiera el Rey. Se celebraron varias reuniones en las que estuvieron presentes destacados miembros del PSOE, del PCE y del entorno de la Casa Real. La que trascendió a la opinión pública fue la que tuvo lugar en el domicilio del Alcalde de Lérida, el socialista Ciruana, en la que estuvieron presentes, Joan Raventós (secretario del PSC), Enrique Mújica (PSOE), Jordi Solé Tura (PCE) y Alfonso Armada. En ellas, se acordó dar un golpe de estado "blando", dentro de la legalidad, mediante la presentación de una moción de censura contra el Gobierno, que contaría con el apoyo de parte de UCD. A continuación se propondría un gobierno de unidad nacional, presidido por Alfonso Armada. Esta solución calmaría a los militares, mantendría la Corona al margen de la operación y desaparecía la figura de Adolfo Suárez que tantos dolores de cabeza estaba causando en La Zarzuela.
Paralelamente se estaba gestando otro golpe más violento, pero con escasas posibilidades de éxito, como se pudo comprobar posteriormente.
La aceptación de la dimisión por parte de Adolfo Suárez dio al traste con el golpe palaciego, pero no así con el militar que siguió adelante.
Lo sucedido después es de sobra conocido y Alfonso Armada se vio obligado a sacrificarse en aras de salvaguardar la imagen de la Corona en esta trama.
A partir de este momento, nadie volvió a cuestionar el papel trascendental del Rey en la consolidación de la democracia, mientras que Alfonso Armada vive retirado en sus tierras gallegas dedicado a labores agrarias, después de haber cumplido condena por intento de golpe de Estado.
Y por último, el que cierra, por el momento, esta ilustre lista de personajes, víctimas de la monarquía, es Sabino Fernández Campo, asturiano como Torcuato y también sufridor de las veleidades reales. Desempeñó distintos altos cargos en la Administración General del Estado y en el año 1977 pasó a ser Secretario General de la Casa Real.
En este puesto se encontraba cuando sucedieron los hechos del 23 de febrero. Durante esas seis largas horas que van desde las 6,30 de la tarde, en que el coronel Tejero irrumpe en el Congreso de los Diputados hasta la 1,00 de la madrugada, en que el Rey aparece en televisión, el papel de Sabino tuvo que ser fundamental, intentando explicar a los Capitanes Generales lo que realmente había ocurrido. Nunca sabremos el contenido de estas conversaciones ya que sus protagonistas tienen un sentido del honor, de la lealtad y del servicio a la patria que les impide atestiguar la realidad de los hechos.
A partir de aquí, Sabino Fernández Campo intentó poner orden y sentido común en una familia que no se caracterizaba precisamente por el ejercicio de estas virtudes.
Las relaciones sentimentales del Príncipe, los viajes y "cacerías" del Rey, los negocios turbios de la Corona y los enredos de la familia real, fueron temas que Sabino Fernández Campo intentó reconducir en la medida de lo posible. Al principio, esta actitud fue bien entendida por el Rey que le nombró Jefe de la Casa Real en el año 1990.
Posteriormente y debido a su constante enfrentamiento con el propio Rey para tratar de impedir la comisión de actos impropios de una monarquía moderna, fue cesado en el año 1993, mediante un extraño proceso, concediéndole el título de Conde de Latores con Grandeza de España.
En sus Memorias, Sabino Fernández Campo, desliza comentarios acerca de su estancia en la Casa Real, pero su sentido del honor no le permite relatar la verdad de los acontecimientos.
Lo descrito en estas líneas es la versión personal, probablemente errónea o sesgada, de unos personajes que colaboraron eficazmente con la Corona para consolidar esta institución y que, finalmente, sufrieron en sus propias carnes los designios borbónicos. En ningún momento, lo que se dice en este artículo contradice la versión oficial de los hechos, solamente se extraen conclusiones, basándome en la experiencia y en el análisis de los acontecimientos, que, en último lugar, siempre benefician al auténtico instigador de los mismos.
Ávila, 29 de agosto de 2007
El "Negocio" fallido y la Venganza de Mr. Bean
Autor: Geromin
En los dos últimos años, hemos asistido a un espectáculo lamentable, cuyos protagonistas han sido, por un lado, el Gobierno de la nación, liderado por su Presidente, y por otro, el Consejo de Administración de Endesa. Como actores de reparto se han ido incorporando, a medida que la representación avanzaba, distintas empresas privadas e instituciones públicas. Las primeras, buscando el máximo beneficio económico, y las instituciones, para justificar las arbitrariedades del Gobierno. El argumento de esta obra ha ido adaptándose a los acontecimientos que se producían. Al principio, la operación consistía en regalar Endesa a La Caixa, a través de Gas Natural, pero al complicarse el "negocio", la trama se convirtió en una revancha personal del Presidente del Gobierno contra el Consejo de Administración de Endesa, por no haber sido dóciles a sus deseos, sin pararse a reflexionar sobre los daños que esta actitud produciría a la economía española.
Esta forma de actuar del Sr. Rodríguez Zapatero, no es nueva, ya que como relata el Sr. Valenzuela (jefe de prensa de Moncloa en el periodo 2004-2006) en su libro "Viajando con ZP" (2007), el Presidente se caracteriza por iniciar actuaciones sin planes o planteamientos previos, confiando solamente en su buena suerte que nunca le abandona. ¡Triste provenir el nuestro!
Al margen del desenlace final que se produzca en la lucha por el control de Endesa, considero didáctico presentar un breve resumen del proceso y resaltar algunos aspectos importantes del mismo, que ponen de manifiesto la catadura moral de ciertas personas.
En septiembre del año 2005, la entidad Gas Natural (léase La Caixa) presentaba una OPA hostil sobre Endesa para hacerse con el control de esta Compañía. Para ello, valoraba cada acción de Endesa en 21,3 euros, de los cuales, una parte lo abonaría en efectivo y el resto lo canjearía por acciones propias de Gas Natural. Previamente, había pactado con otra empresa del sector (Iberdrola), la venta de parte de los activos de Endesa, por un importe similar al que tendría que abonar a los accionistas de esta Compañía. Es decir, que sin invertir un solo euro, se hacía con el control de Endesa, que valoraba en 23.000 millones de euros, aproximadamente.
Todo ello adornado de frases prepotentes y declaraciones altisonantes como "comparar esta operación con un embarazo en el que ellos habían puesto la semilla y en el plazo de nueve meses alumbraría una criatura"
Ni que decir tiene, que para llevar a cabo esta tropelía, La Caixa se había puesto de acuerdo, previamente, con el Gobierno de España, en diferentes reuniones habidas en la Oficina Económica del Presidente, cuyo máximo responsable era D. Miguel Sebastián. Esta actuación entraba dentro de su política de expolio nacional para favorecer a una región, como hemos comprobado con el Estatuto de Cataluña, el traslado de la Comisión Nacional de las Telecomunicaciones a Barcelona, el traslado de parte de los documentos del Archivo de Salamanca, etc. etc.
En mi modesta opinión, los directivos de La Caixa cometieron dos graves errores en el planteamiento del "negocio". En primer lugar, despreciar y minusvalorar a los directivos de Endesa y en segundo término, confiar en las promesas del Presidente del Gobierno.
Iniciado el "embarazo", siguiendo la terminología del Sr. Gabarró (Presidente de Gas Natural), el Gobierno de España, liderado por el Sr. Rodríguez Zapatero (Presidente), D. José Montilla (Ministro de Industria) y D. Miguel Sebastián (Responsable de la Oficina Económica del Presidente) puso en marcha toda la maquinaria administrativa para impulsar y favorecer el "negocio", aprobando disposiciones legales, que posteriormente se ha visto, no eran acordes con la legislación comunitaria, desoyendo Informes de los Órganos competentes y manipulando la Comisión Nacional del Mercado de Valores.
Sin entrar a detallar todo este lamentable asunto, en el que han tenido que intervenir la propia Comisión Europea y el Gobierno alemán para desautorizar y anular las disposiciones aprobadas por el Gobierno español, una compañía alemana E.ON, ofrece a los accionistas de Endesa, la cantidad de 40 euros por acción abonados en efectivo, es decir valora la compañía en 43.000 millones de euros.
Evidentemente Gas Natural (La Caixa), ante la imposibilidad de igualar la oferta alemana y de no poder culminar el "negocio" planeado, se retira de la puja, no sin antes hacer declaraciones, tanto el Presidente de la Compañía como el Sr. Montilla, que pueden calificarse como "recurso al pataleo", por la pérdida del pastel prometido.
A partir de este momento, comienza el segundo acto del espectáculo, en el que la trama gira alrededor de la venganza del Presidente del Gobierno contra Endesa y en especial contra sus directivos por haber hecho fracasar el "negocio".
En la reunión bilateral, celebrada en Ibiza, entre Prodi y Rodríguez Zapatero, se acuerda la entrada de Enel, empresa pública italiana, en el capital de Endesa, vulnerando la legislación española en la materia.
Esta Compañía, adquiere un 20% del capital de Endesa, pagando 39 euros por título, lo que ratifica la valoración que había efectuado E.on, y pone una vez más de manifiesto, el "negocio" que se había diseñado entre La Caixa y el Gobierno.
Siguiendo con el culebrón, la empresa Acciona adquiere, al mismo precio, otro 24% de las acciones de Endesa y se une con Enel para presentar una OPA conjunta sobre esta Compañía, abonando 41,70 euros por acción. Esta maniobra apoyada por el Gobierno, ha provocado una crisis institucional en la Comisión Nacional de Mercado de Valores, con la dimisión de su Presidente, que ha denunciado públicamente, ante el Congreso de los Diputados, las ilegalidades cometidas. Estoy esperando que algún diputado (representante del pueblo) presente, ante la Audiencia Nacional, una denuncia por estas actuaciones, que han causado un grave perjuicio económico e institucional al Estado.
El Gobierno, al objeto de hacer olvidar este fallido "negocio", presenta, muy hábilmente, ante la opinión pública, la entrada de la empresa pública italiana como una solución española del problema, cuando la realidad es que las tres compañías interesadas (Enel, Acciona y E.on) se han puesto de acuerdo en repartirse los activos de Endesa, y de esta forma, la empresa española pierde su valor estratégico en el mercado europeo.
En mi opinión, este proceso, sea cual sea su final, ha puesto de manifiesto los siguientes hechos:
1º.- La Caixa ha pretendido ganar a costa de los accionistas de Endesa, con el apoyo decidido del Gobierno, 23.000 millones de euros, como se deduce de la diferencia entre la cantidad ofrecida por Gas Natural y el valor fijado en las ofertas finales.
2º.- La Caixa quería trasladar a Barcelona el centro de decisiones, y de esta forma controlar un sector tan importante para un país como es el energético.
3º.- En este periodo de tiempo, hemos conocido que La Caixa ha perdonado un crédito de 1.000 millones al Partido Socialista de Cataluña ¿como contrapartida pactada de este fallido "negocio"?
4º.- El talante vengativo y sectario del Sr. Rodríguez Zapatero que, fracasado el "negocio" inicial, prefiere destrozar Endesa para eliminar al Sr. Pizarro de la presidencia de esta Compañía, que ha osado no acatar sus instrucciones.
Este final inesperado, en su planteamiento inicial, ha supuesto un serio varapalo para los padres de la criatura (La Caixa y el Gobierno) y un reconocimiento al eficaz trabajo llevado a cabo por los directivos de Endesa, en especial su Presidente, el Sr. Pizarro, que luchando contra viento y marea, ha conseguido que sus accionistas reciban un justo valor por sus acciones, aunque esta batalla le suponga la pérdida de la presidencia de la compañía.
Desearía que la lectura de estas líneas sirviera para que los ciudadanos reflexionasen sobre las maniobras que, por parte del Gobierno, se llevan a cabo para enriquecer a ciertas instituciones y regiones en detrimento del resto del Estado y como los deseos de venganza y revancha personales prevalecen sobre los intereses de España.
Por cierto, ¿con que cara se presenta el Sr. Sebastián, uno de los padres de la criatura, a la Alcaldía de Madrid para defender los intereses de los madrileños?.
Madrid, 25 de abril de 2007